Etiqueta: natacion

  • Deporte y embarazo: ¿zumba, natación, pilates, yoga?

    Tengo una relación de amor-odio con el deporte. Bueno, más bien de lo segundo; esto es culpa de los genes de mi madre porque, en mi familia, mi padre ha hecho y hace ejercicio a diario, y no hace mucho que seguía jugando partidos de fútbol sin importarle sus operaciones de menisco. Y para más inri, mis hermanos se dedican a apuntarse a todas las carreras y triatlones que pueden. Mientras tanto, mi madre dice que tiene que hacer ejercicio pero resulta que le parece incómodo el sillín de la bici 😉 Y así soy yo, que enseguida busco una excusa para no mover el trasero.

    Tengo momentos en los que me mentalizo y soy consciente de la importancia del ejercicio; el caso es que si esa reflexión me pilla en un momento en que tengo algo de tiempo, me lanzo y me apunto a un gimnasio o salgo a correr; lo malo es que, de media, esas venas me duran a mí tres meses, y da gracias. ¿Qué pasó por mi mente en septiembre cuando, después de 4 años pegada a uno o dos niños, vi que tenía dos meses con las mañanitas para mí sola? Pues blanco y en botella: deporte. Eso sí, como admito que apuntarse al gimnasio el último trimestre de embarazo no es lo habitual, me inscribí en uno con piscina y con clases de todo tipo con la idea de nadar e ir a Pilates.

    Y así empecé septiembre, suavecito, con mis clases de aqua gym, que son estupendas gracias a la ingravidez. A la vez, me animé con Pilates, que dicen que es muy bueno para las embarazadas. Y con la ventaja de que te pasas parte de la clase tumbada, aunque no quiere decir que no sudes. Probé la clase de yoga: error. Una madre de dos niños pequeños y embarazada es carne de cañón y corre el riesgo de quedarse dormida en plena relajación. Además, la flexibilidad no es mi fuerte. Qué va, yo necesito un poco de marcha para no acabar abandonando.

    Descarté al principio el tema zumba pero cada vez que veía una clase moría por entrar a bailar. Y oye, vi que allí se adentraba una señora de unos 80 años, de la que me declaro fan absoluta, y me dije: inténtalo, tiempo tienes para salir de la sala. Y entré, y ahora ya no salgo. A mí es que bailar es lo que me ha gustado toda la vida, y claro, me pones merengue, salsa y reggeaton y se me van los pies solos.

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    Ni a Shakira le sale el giro estando embarazada 😉

    Así que ahí estoy, dándole al baile. Eso sí, no hay nada con menos glamour que una embarazada haciendo un giro de caderas 😉 Y como os podéis imaginar, el embarazo es motivo de preguntas varias de las allí presentes. Esta semana ya estoy bajando el ritmo porque el cuerpo lo va pidiendo; si ya digo yo que no hay nada como las señales de tu propio organismo. El ejercicio es buenísimo durante el embarazo siempre que no haya contraindicaciones médicas. Y vosotras, ¿practicabais algún deporte durante la gestación?

  • Primer día de natación con la guardería

    Cada día tengo más claro que una de las profesiones que no está lo suficientemente bien remunerada es la de maestra en una guardería. Sí, sí… los niños y bebés son una monada y muy agradecidos pero también conllevan un trabajo bestial y, cuando lloran, no es fácil mantener la calma. Ayer Rafa fue por primera vez a natación y aquello era cual ópera de Viena: de 15 niños, 10 lloraban. Por supuesto, mi peque era uno de ellos. Aunque no tengo claro si era por la natación en sí, ya que el primer día tiene bien poco de acuático y de hecho mientras estaba en el agua permanecía calladito, o por verme allí, que aún le cuesta cada mañana despedirse de mí o de maridín.

    Observando el panorama

    Una de las ventajas que tiene la guardería de Rafa es que, durante todo el curso, pueden ir un día a la semana a natación en horario escolar. Nuestra idea inicial era apuntar a los dos peques juntos los sábados pero para Rafa no conseguimos plaza en la piscina municipal, así que optamos por la guarde. También tuvimos nuestras dudas de si era o no necesario que aprendiese ya a nadar pero, en este momento, Rafa es la sombra de Alfonso, le sigue a todas partes y monta lío si no puede hacer lo mismo que él. Y como el verano que viene, el mayor se meta en la piscina grande, ya sé a dónde va a tener que ir el otro.

    Todos en el borde de la piscina, en la misma en la que yo aprendí a nadar. Todo se repite 😉

    Y vuelvo a la crónica de ayer porque aquello era para armarse de paciencia. Lo bueno es que es en un sitio deportivo muy conocido de Gijón así que los padres podemos ir allí a vestirles y a ayudar; por suerte para las profes, éramos unos cuantos, sobre todo mamás y abuelos. Pero claro, en cuanto les dejas preparados en el vestuario, los adultos nos vamos a verles desde la grada. Rafa, de primeras, ya no quería ponerse el gorro. Después su guerra fue con los manguitos, acostumbrado a ellos todo el verano y miraba para mí con lágrimas de cocodrilo para decirme que no los quería.

    Fin de la clase, fin de los nervios. Luego le tocó llorar para volver a la guardería, quería venirse conmigo.

    Con tanta llantina, les pusieron a todos sentados y cantaron una canción. Y luego les dieron a cada uno una regadera con agua para que jugaran. Enseguida les sentaron a todos en el borde de la piscina para que se mojaran los pies mientras dos monitores iban metiéndoles uno a uno en el agua. Ya os digo que Rafa, dentro de la piscina genial, pero el resto del tiempo lo pasó estresado. Entre estar en un sitio que no conocen, que varios lloraban y que servidora ya no estaba pegada a él… pues para qué quería más 😉 En fin, una odisea para ellos.

    No tengo muy claro que acabe el curso sabiendo nadar pero todo lo que avance de cara a que en verano esté más seguro, mejor. Son tres peques a los que no voy a quitar el ojo y no será fácil. ¿A qué edad llevasteis a vuestros peques a natación?, ¿os ofrecen esta actividad en guarderías y colegios?

  • Cuándo llevar a los bebés a la piscina

    Este fin de semana llevamos a Rafa por primera vez a la piscina, obviamente cubierta. Una cosa es que haga buen tiempo y otra es meter a los críos en el agua al aire libre en abril. A Alfonso también le llevamos por primera vez a la piscina cuando tenía cinco meses. En su momento, lo hicimos por aquello de hacer cosas nuevas con el peque, no pretendíamos que aprendiese a nadar a esas alturas de su vida.

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    Alfonso, por primera vez en la piscina, año 2011.

    Su reacción fue muy buena; no quiero decir con esto que se lo pasase bomba, pero no lloró ni cuando decidimos sumergirle la cabeza en el agua. Simplemente puso cara de susto, parecía preguntarse qué narices hacía allí. Repetimos otras dos veces aquella primavera, enseguida llegó el verano y descubrimos que Alfonso sentía pasión por el agua. Le poníamos en la orilla y cada vez que llegaba una ola y le cubría se partía de la risa. Y en cuanto empezó a gatear, se iba solo hacia el mar. Llamaba la atención de los paseantes.

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    Alfonso en la playa, uno de los sitios que más disfrutó en su primer verano.

    No sabemos si tuvo algo que ver el hecho de llevarle pronto a la piscina con su pasión por meterse en el agua, pero el caso es que con Rafa hemos repetido. Su reacción este fin de semana fue la misma que la de Alfonso en su momento, cara de alucinado y ni un llanto al meterle la cabeza en el agua. Me imagino que ese contacto temprano con el medio acuático les ayuda a perder el miedo.

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    Alfonso y Rafa, este sábado.

    Es más, con Alfonso viví el susto más grande de mi vida el pasado verano, cuando se cayó vestido y sin manguitos en la piscina de unos amigos. Me lancé a por él, vestida y embarazada de casi siete meses, y cuando le saqué lloraba; enseguida me di cuenta que había llorado por el susto, no por el agua, y es que, a los pocos minutos, quería meterse otra vez. Mi objetivo para el verano que viene es que Alfonso aprenda a nadar sin manguitos. Y confío en que Rafa reaccione en el mar tan bien como lo hizo Alfonso la primera vez.

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