Etiqueta: matrimonio

  • Lo que pasa (o no) cuando estás sin niños

    El viernes pasado reflexionaba en el blog, a raíz de mi quinto aniversario de boda, sobre la dificultad de buscar tiempo para estar en pareja después de la llegada de los hijos. Lo que no me imaginaba la noche anterior, cuando escribí ese post, es que maridín me tenía preparada una sorpresa precisamente relacionada con la importancia de cuidarnos como pareja. Me levanté por la mañana y me encontré una copia exacta de nuestras invitaciones de boda convocándome a un fin de semana para dos, con mapa incluido de dónde dejar a los niños, o sea, en casa de los abuelos, que estaban al tanto de todo desde hacía semanas. Imaginaos mi cara al ver la invitación. En estos últimos cuatro años sólo habíamos hecho una escapada para dos y el asunto se nos va a complicar cuando seamos familia numerosa así que… sorpresón de los buenos. Aunque confieso que a maridín, a detallista, no le gana nadie.

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    Pero, ¿qué es lo que ocurre cuando no estás acostumbrado a estar sin niños? Pues muchas cosas y todas te resultan extrañas porque, sinceramente, has olvidado algunas sensaciones:

    1. Ya nos sabes lo que es ir de copiloto mirando hacia adelante: porque si no te piden unas galletas, es el agua, y si no que pongas el Dvd, o que lo quites, o que cambies los dichosos dibujos por los Cantajuegos. Sin niños nos pasamos la hora y media que duró nuestro trayecto a Cantabria hablando, sin interrupciones, sin llantos o discusiones. Como cuando consigues que se duerman la siesta los dos a la vez, lo cual es bastante difícil.

    2. Te bajas del coche y… sólo llevas una maleta: no tardas media hora en descargar la sillita, la bolsa de los pañales y toallitas, el equipaje de los niños, la cuna de viaje… Sales del coche y ya está, llegas al hotel en unos segundos.

    Este es el hotel en el que pasamos la noche del viernes, Palacio de Soñanes, en Villacarriedo (Cantabria). Totalmente recomendable. La segunda noche estuvimos en Santander, ciudad bonita donde las haya y que recomiendo.

    3. No madrugas y duermes del tirón: Valeeee, es cierto, nuestros peques duermen el 80% de las noches del tirón y se levantan a las las 10 de la mañana pero en este caso te aseguras que esa noche nadie te a va a despertar pidiendo agua ni con pesadillas.

    Vistas de Villacarriedo desde la habitación del hotel al amanecer.

    4. Vas a la playa y más de lo mismo, ligeritos: Sólo dos toallas y las cremas, nada más. Ni cubos, camiones, palas, pañales, galletas, fruta, bañadores de repuesto, sillita para dormir la siesta…. Por supuesto, puedes darte un paseíto de una hora por la orilla de la mano de tu chico y después del baño, síiiiiii, tumbarte en la arena.

    Playa de Valdearenas, en Liencres. Como sé que algunas tomáis nota de los sitios que os pongo en el blog, dejo esta foto de la web pueblos-espana.org. La de Valdearenas es una playa que está al lado del Parque Natural de las Dunas de Liencres. Es una playa enorme, con fácil acceso y aparcamiento, chiringuito y salvamento por lo que es perfecta para las familias. Eso sí, las mareas son muy fuertes así que conviene tener cuidado con el mar.

    5. En el chiringuito, por primera vez, no pides ¡croquetas!: que conste que me encantan pero cuando comemos con los niños , es el plato comodín que hay en todos lados y que a todos los niños les gustan. Así que, ese día, no las pides.

    6. Las comidas, cenas y desayunos, con mucha calma: te recreas en este momento porque ninguno de tus hijos está intentando saltar de la trona ni desparramando el agua por la mesa ni hablando en un tono que sabes que al de al lado le resulta molesto. Así que, en vez de salir pitando a tomar el café al aire libre, decides hacer sobremesa.

    7. Conversaciones sin interrupción: os mencionaba el viernes en el post lo difícil que resulta últimamente tener una conversación con maridín porque Alfonso no calla ni debajo del agua. Pues en estas escapadas es cuando aprovechas, entre otras cosas, para hablar de mil cosas y, en nuestro caso, recordar la noche que nos conocimos en una fiesta, nuestro reencuentro años después en Madrid y esas cosas que de vez en cuando viene bien rememorar para saber porqué nos enamoramos.

    8. ¿Y los niños?: ahhh, se me olvidaba. Mientras tú te preocupas (un poco, sin pasarnos) por cómo estarán ellos y llamas a los abuelos, ellos te envían whatsaaps con fotos de los peques encantados de la vida. Y te cuentan que han estado en la playa con tus primos pequeños, que los primos también fueron a cenar a casa con ellos (esto de compartir jardín toda la familia tiene sus ventajas), que les llevaron de compras y tienen nuevo camión… ¿cómo nos van a echar de menos? Es más, llegas el domingo y te dicen que si pueden quedarse allí unos días más, en fin.

    Resumiendo, dos días en los que, no vamos a negar que les echamos un poquito de menos, pero que disfrutamos como novios. Creo que esto debería ser obligatorio un fin de semana cada año, a ver quiénes son los guapos que se quedan con tres criaturas 😉 ¿Habéis hecho algún viaje o escapada sin niños?

     

     

  • La pareja cuando llegan los hijos

    Hoy me toca un post reflexivo, no siempre tengo capacidad para sacarle punta a todo. Aunque no lo creáis, tengo también mi punto serio. Hoy hace cinco años que me casé con maridín aunque sólo pasamos un año «solos»; en nuestro primer aniversario yo ya tenía un bombo de 38 semanas por lo que, para mí, es difícil hablar de matrimonio sin aludir a los hijos. Vamos, más que difícil, es casi imposible separar estas dos realidades. Han pasado cinco años desde que nos prometimos estar juntos para siempre y estamos a la espera del tercer retoño, casi nada. Sé que soy joven, que podíamos haber esperado para estar un tiempo disfrutando de «nosotros» pero creo que, como pareja, los hijos también nos han aportado mucho.

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    No vamos a obviar que la paternidad no es un camino de rosas porque realmente está lleno de dificultades, pero si eres capaz de seguir queriendo y cuidando a alguien a pesar de la falta de tiempo y de «espacio» para dos, entonces sales reforzado. El día a día con hijos supone salir corriendo para llevarles al cole o guardería y después ir a trabajar o quedarte en casa cuidando de los peques y, cuando acaba la jornada, los niños te siguen reclamando (para jugar, baños, cenas) y ya casi no puedes contarle algo a tu marido.

    Yo no sé las veces que le he dicho a Alfonso este verano en las comidas que me deje terminar de decir una cosa a maridín. ¡Y la de días que pasan y que no hemos hablado de otra cosa que no sean los niños!, ¡y la de fines de semana que llevamos sin salir a cenar los dos solos! No es culpa de ellos pero al final, los hijos suponen un nivel de exigencia altísimo y el cansancio hace mella. Y además, en nuestro afán por ser las mejores madres del mundo, corremos el riesgo de que otras facetas de nuestra vida fracasen y, a la larga, esas otras cuestiones pueden repercutir en nuestro ánimo y, por tanto, en nuestros hijos.

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    Y por ponerle humor al tema. Que sepáis que las arrugas aumentan en función del número de hijos, ¡madre mía!

    A veces, es mejor hacerles entender a nuestros hijos que, aunque los queramos con locura, no les podemos dedicar el 100% de nuestro tiempo. ¿Para qué engañarnos? Si por entregar toda mi existencia a mis niños (que además crecerán y cada día me necesitarán un poco menos), mi matrimonio se va al traste, ¿de qué me habrá servido? lo único que puedo conseguir es que los niños tengan que pasar unas temporadas con su padre y al final, aún estaré menos tiempo con ellos.

    Y además, si algo tengo claro a estas alturas, es que los niños aprenden con el ejemplo y ver a unos padres que se quieren y se respetan es una de las mejores lecciones que podemos darles. Y esto no tiene nada que ver con las que deciden separarse porque ellos son unos cretinos o no ejercen como padres, ehhhh…. Yo aquí hablo de que a veces olvidamos que, además de madres, somos amigas, hijas, hermanas, profesionales… y esas facetas debemos, por lo menos, atenderlas aunque nuestra prioridad sean los peques.

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    Lo mejor que tengo.

    Pues eso, que hoy me he puesto un poco seria, y me ha salido un post muy formal aunque, de vez en cuando, no viene mal. Además, seguro que podéis contarme qué hacéis vosotras o vuestras parejas para intentar mantener el «espacio para dos». Y como sé que maridín entra por estos lares de vez en cuando… que sí, lo sé, soy poco cariñosa, nací con esta tara pero ¿dónde ibas a encontrar a otra como yo que te quiera tanto? 😉 ¡Buen fin de semana!

  • De aniversario de boda

    Hace ya cuatro años que me casé. La verdad es que no sé si son los niños o la edad, pero el tiempo me pasa que ni me entero. Y como sea la edad, me pongo a temblar porque entonces desde los cincuenta hasta los setenta años, si llego, me van a pasar en un suspiro. Y si lo que hace que el tiempo pase tan rápido son los críos, ¿alguien podría decirme cuando dejan de ser niños los varones? 😉

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    Bromas aparte, os estaréis preguntando a qué viene recordar que me casé un 12 de septiembre de 2009. En un post antiguo, y no recuerdo cuál, os decía que soy de esas mujeres que ha tenido claro toda la vida que quería ser madre, sí o sí. Eso significa que, cuando buscas a tu media naranja, lo haces pensando en que sea el padre de tus futuros hijos.

    No vayáis a creer que en una primera cita le pregunté a algún chico eso de ¿te gustan los niños? Porque lo más seguro es que no hubiera habido una segunda cita. Puede que el susodicho quiera tener hijos algún día, pero hacerle esa pregunta es como decirle si quiere ser tu banco de esperma. Y no es plan de hacerle sentir eso al chaval.

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    A lo que voy es a que, dada mi naturaleza maternal pronunciada, instintivamente me fijaba en si el varón en cuestión buscaba lo mismo que yo. Para que me entendáis basta con deciros que durante muchos años salí con un chico que estudiaba Medicina para ser pediatra. Así que imaginaros hasta qué punto es importante para mí el que mi pareja tenga pasión por los niños. No nos engañemos, todas conocemos parejas que acaban teniendo un niño porque al otro le hace ilusión. Es entonces cuando los hijos se pueden convertir en un problema.

    Desde luego tuve suerte en ese sentido porque encontré al hombre perfecto: adora a sus hijos. Y además la combinación de genes está resultando muy buena ;-). En fin, que me alegro de haberle conocido y de haberme casado con él. Espero poder decir esto dentro de muchos años.

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