A estas alturas, y cuando la que escribe es madre de familia numerosa, ya se puede uno imaginar que no es un post éste para desanimar a nadie con esto de la maternidad. Que si una repite varias veces es porque, al menos, algo divertido o bonito le encuentra al asunto. Pero pasa lo mismo que al que le gusta ir a la playa; que sí, que va feliz pero hay cosas de ir a la playa que algunos días le hacen acabar hasta el gorro. Si es que todo lo que nos gusta tiene sus pegas, por mucho que nos encante. Y la maternidad no podía ser menos. Así que, aquí va mi lista de cosas que no me gustan de ser madre.
5 cosas que no me gustan de ser madre
No descansas nunca o casi nunca: incluso cuando todos tus hijos duermen 10 horas del tirón, tú ya no vuelves a dormir a pierna suelta como lo hacías cunado no habías tenido churumbeles. Es como si el cerebro no fuese capaz de desconectar. El día que uno de mis hijos se despierta a las 7 de la mañana, me fascina ver cómo mi señor marido es capaz de volverse a dormir. Vamos, yo ya no vuelvo a pegar ojo.
No puedes planificar: con lo organizada que yo era para todo, esto no acabo de llevarlo bien. Ahora casi siempre sé que tiene que haber un plan B. Y si antes llegaba a los sitios antes de la hora prevista, por aquello de ir con calma, ahora me conformo con llegar sencillamente a la hora, eso sí, corriendo. De repente es como si no pudiese controlar el tiempo, cuando antes me daba la vida para todo.
No puedes comer lo que quieras y cuando quieras: ay, señor, ¿dónde se quedaron esas cenas “sin sustancia” en el sofá?, ¿ese poder sacar cualquier cosa de la cocina que te apetecía a media tarde? Pues nada, oye, que como se me ocurra ponerme a comer un dulcecillo a media tarde, vienen las hienas a pedir su ración. Y claro, si además te has propuesto que los niños coman sano, si quieres comer cualquier guarrería, ya puedes esconderte para no dar mal ejemplo.
Sufres, quieras o no: es que, aunque seas del club de madres pachorras y huevonas como yo que no suelen protestar por nada ni preocuparte innecesariamente, la maternidad te hace sufrir. De hecho, a mí me rompió el corazón y nunca, nada, me había dolido tanto como perder a mi hija. Pero sin llegar a ese punto, que gracias a Dios no es lo corriente, el hecho de que tu criatura sufra, que se pongan enfermos, y seguramente hasta cuando les rompan el corazón (para eso me quedan unos años), lleva implícito cierto sufrimiento.
Llegas a tu límite: no hay nada, nada más visceral y más bipolar que la maternidad. Pasas de cero a cien y de cien a cero en cuestión de minutos. Una rabieta o una bronca entre hermanos puede sacar lo peor de ti, casi tanto como un jefe canalla en el trabajo 😉 Así que no, no hay nada que lleve peor que verme fuera de mis casillas.
Y como todo tiene su parte buena y mala, me reservo lo que más me flipa de ser madre para otro post. ¿Qué es lo que menos os gusta de la maternidad?
Que si madres arrepentidas, que si periodista diciendo que un bebé «destruye tu vida», que si presentadora escribiendo en sus redes sociales que «estamos engañadas por los mitos románticos de la procreación» y que la maternidad no debería ser imposición… ¿Engañadas?, ¿imposición?, ¿hoy en día? A ver, a ver, a ver… ¿en serio soy yo la única que pensaba que la maternidad no era fácil?, ¿en serio me dicen que en plena era de la información no sabían de qué iba el cuento?, ¿de verdad hay personas que creen que tener una criatura dependiente de ti no va a transformar tu vida? Sí, transformar, que no es una cosa así como el tener un novio con el que te va mal, que lo cambias y listo. Sí, esto es lo único que es ya para toda la vida. ¿Eso sí lo tendrán claro? Bueno, pues si me estás leyendo, te planteas ser madre y aún crees que todo es de color de rosa, voy a abrirte lo ojos:
–No vas a poder dormir del tirón: aún en el mejor de los casos, siendo un aspecto en el que me considero afortunada, no te vas a librar de estar unos meses despertándote cada cierto tiempo. Y cuando lleves ya varias semanas sin dormir 7-8 horas seguidas, creerás que no podrás sobrevivir. Y no imagino cuando llevas un año porque no me ha tocado a mí, pero te puede pasar.
–Vas a sentir dolor físico: oye, no será porque no nos dijeron toda la vida lo que duele un parto. Y sí, ahora ya tenemos la suerte de que existe la epidural pero no conozco a ninguna mujer que no haya sentido dolor en ninguna fase de todo este proceso: embarazo, parto, postparto o lactancia. Lo lógico es que, si no te toca dolor en una, te tocará en otra. Es complicado que te toque el lote de embarazo estupendo+parto estupendo+postparto estupendo+lactancia estupenda. Y oye, que con la lactancia también tenemos mucho avanzado hoy en día y si la cosa se tuerce, pues bibe al canto. Pero en alguna fase, algo te va a doler, casi seguro.
–Vas a sentir preocupación casi constante: sí, es así. Porque como descansas poco, todo te afecta un poco más. Porque te vas a dar cuenta de que el día tiene pocas horas, porque no vas a saber gestionar la rabieta de tu hijo, porque vas a estar triste y preocupada cuando esté enfermo, porque vas a disgustarte cuando no quiera ir al cole, o cuando suspenda, o cuando un amigo le haga daño, o un novio o una novia… Resumiendo, si antes lo que más te preocupaban eran cosas del curro o sentimentales, con un hijo puedes añadir una preocupación más, y de mayor calado, ya te lo digo.
Portada del libro «Madre arrepentidas»
–Vas a limpiar mucho: sí, cacas, mocos y vomitonas. Es así de poco apetecible pero es real. Antes de ser madre, si alguien expulsaba algo por la boca solía ser en las puertas de un bar y tú te alejabas. Cuando seas madre, no solo no te alejarás sino que tendrás que limpiar los restos de sábanas, pijamas, alfombras… Sí, has leído bien: vomitonas en casa.
–Vas a dejar de salir de juerga: mira, la realidad es que, aunque te puedas permitir salir de marcha porque los buenos abuelos o una niñera se queden con el churumbel, no te apetecerá demasiado por el punto número 1: estarás cansada. Así que acabarás por reservarte fechas especiales para esas escapadas en pareja o con amigos. Y si crees que no vas a poder vivir sin salir de marcha todos los fines de semana, pasa de ser madre. Salir se puede, claro, yo lo hago, pero con frecuencia es complicado.
– Viajar dejará de ser cómodo: y eso si viajas, porque depende de la criatura que te toque, o de las ganas que tengas, a lo mejor ya ni viajas. Pero vamos, que desplazarte por otros sitios podrás, nosotros no paramos, pero no se pueden comparar los viajes de antaño en pareja y con amigos a los que vas a hacer con los niños porque con ellos irás cargada, porque no podrás ver todo lo que te apetezca, porque tendrás que parar cuando a la criatura le toque comer, porque no trasnocharás, porque tendrás que buscar un alojamiento acorde con las circunstancias, porque es probable que alguna vez tengas que suspender tu viaje porque el crío se ponga enfermo.
¿Cómo lo ves? Bueno, pues estas son solo algunas de las «bondades» de ser madre. No vaya a ser que algunas digan luego que no sabían lo que era la maternidad y se arrepientan. Y ojito, esto no está reñido con tener derecho a un cabreo, a un llanto o enfado porque la situación nos supera. Que no tenemos que ser mártires de la causa, ¡faltaría más! Podemos quejarnos de que estamos cansadas, de que estamos disgustadas… aun habiendo elegido libremente. Pero mentir, no nos ha mentido nadie. Y es una elección libre. No nos presionan para esto, no nos obligan, no nos lo imponen. No en España. ¿O acaso a la señorita Abenia la han mandado de su trabajo a casa para que ahora procree?, ¿le han impedido el acceso a anticonceptivos?, ¿alguien la obliga a ser madre? Pues entonces nadie le está imponiendo nada. Y qué decir de Samanta, lo siento, pero afirmar que»tomas una decisión engañada» no se ajusta a la realidad.
¿Que te preguntan si vas a ser madre llegada una edad? Pues tampoco es raro teniendo en cuenta que 8 de cada 10 mujeres sí lo son. Llevan haciéndole la pregunta al señor Bustamante sobre si va a tener más hijos o no desde que tuvo a la primera, vamos, desde hace casi una década. Pero vamos, lo mismo que te preguntan qué vas a estudiar cuando tienes 17 años, e igual resulta que no quieres estudiar sino trabajar. Lo mismo que le preguntan a mis hermanos de 30 años si no tienen novia. Y ni ganas ni prisa. Contestas y listo, pero la presión no te la mete nadie si crees tener claro lo que quieres.
Este no es un post para desanimar a nadie. Imaginaos lo grande que tiene ser la maternidad para que, a pesar de todos estos inconvenientes, a la mayoría nos compense. Pero ser madre porque toca, porque pasa el tiempo, porque luego igual no puedes, porque crees que es lo que la gente espera de ti… pues no. Es una vida de la que hablamos que, durante años, va a depender de ti. Así que, si no quieres renunciar a ciertas cosas, lo cual me parece estupendo y super lícito, no los tengas, y se acabó la historia. Por cierto, así, en general, se me ocurre que trabajar también tiene muchos inconvenientes, y estudiar, y tener pareja… En realidad, la vida no es fácil, vivir tiene muchos inconvenientes lo mires por donde lo mires pero… ¿a que compensa?
No es que esté yo esta semana negativa con mi preñez porque, lo que viene siendo la criatura interior, molesta bien poco o nada. Y puedo decir que aún no soy del todo consciente de que en dos meses y medio llega un nuevo churumbel, en parte porque los otros dos no me dejan tiempo para pensar en el asunto. En cualquier caso, aparte de lo de ir al médico con cierta frecuencia, mi mayor «drama» durante la gestación es la postura para dormir. Ya desde joven pensaba eso de «¿cómo demonios voy a dormir el día que esté embarazada?«. Sí, lo confieso, ya pensaba en ello hace años porque siempre tuve claro que quería ser mamá, no se me encendió el famoso reloj biológico de la noche a la mañana 😉
El caso es que he estado apurando, como en los embarazos anteriores, con el tema de pernoctar boca abajo pero ya se me acabó el chollo; la semana pasada me di cuenta de que ya no podía seguir. A veces me viene a la mente esa imagen de la película de los Caraconos en la que tenían unos agujeros en el colchón para colocar sus cabezas. Es una opción para ubicar la barriga, pero sale cara teniendo en cuenta que los colchones no cuestan cuatro duros, y a ver qué haces con él cuando das a luz. Que conste que en la playa no sería la primera vez que hago un pequeño pozo debajo de la toalla para colocar la tripa pero he de reconocer que, ni con ésas, es cómoda la postura.
Cuando dí a luz a Alfonso, una de las primeras cosas en las que me fijé de mí misma fue en que la barriga había «desaparecido». Lo pongo entre comillas porque, aunque la involución de mi útero es bastante fugaz, no se puede decir que aquello esté al día siguiente como si nada; aún así, yo me percaté del asunto y me frotaba las manos pensando en llegar a casa para coger la posición de toda la vida. Hasta que me encontré con mis ubres y la subida de la leche, que apenas me permitían hacer otra cosa que dormir boca arriba, terrible 😉
Así que ahora me hallo con nueva inquilina en la cama: la almohada. La tengo que hospedar por pura necesidad, porque soy de las que he dormido sin ella toda la vida y sólo la rescato para el último trimestre de los embarazos, ésa es toda nuestra relación en la vida. Y obviamente, para colocarla entre pierna y pierna y evitar caer como un péndulo sobre la panza. En fin, ¡cosas del embarazo! y que todas sean como ésta. Suponiendo que todo va bien, ¿cual es para vosotras el mayor inconveniente del embarazo? Y nos os preocupéis, que hablaré también de ventajas en otros posts, porque las hay.
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