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  • ¿Garbiel o Grabiel?

    En esto de poner nombres a los críos hay que andarse con mucho ojo. Yo creo, y esto es muy personal, que la originalidad hay que dejarla de lado, que un nombre es para toda la vida. Bueno, ahora ya se puede cambiar pero, por lo menos, le va a acompañar durante la infancia y la adolescencia, y no es plan de causarles traumas a las pobres criaturas. Ya os conté en otro post cómo a mi padre, cuando fue al registro, le dio por añadir un segundo nombre, nada convencional, a dos de mis hermanos. Ellos, trauma no tienen pero algún que otro cachondeíto sí que se han traído.

    A pesar de haber elegido unos nombres bastante comunes para mis hijos, independientemente de que gusten o no, el de Gabriel trae serios problemas a mucha gente. Lo sabía cuando lo elegí, soy consciente de que mi hijo más de una vez tendrá que repetir su nombre, es más, es posible que él mismo tenga problemas para decirlo cuando sea pequeño pero eso entra dentro de lo normal. Lo mismo pasa con Rodrigo; la R, la dichosa R, trae de cabeza a más de uno. Entiendo que mi hijo Rafa llame a su hermano Babriel, porque dos vocales tras una R suponen una dificultad para cualquier peque. Comprendo que Alfonso, al principio, dijese Garbiel pero ¿soy la única a la que le sangran los oídos cuando oye decir a un adulto cocreta en lugar de croqueta? Esto no es como en las matemáticas donde el orden no altera el producto. Una letra, una coma o una palabra pueden cambiar el sentido de una frase, de un nombre, de una historia…

    Ya en el mismo hospital, cuando dí a luz, supe que esto de llamar Gabriel a mi hijo va a fomentar mi paciencia, no es plan de ir riñendo al personal cuando no pronuncien bien el nombre del crío. Una de las enfermeras ya me dijo directamente que era un nombre muy difícil y, ante la imposibilidad de vocalizar bien, optó por llamar Miguel a mi churumbel. Así, sin más, cambió Arcángel por Arcángel. Lo cierto es que la pobre era bien cariñosa y a mí lo de que le transformase el nombre me hizo hasta gracia, no os voy a engañar. ¿Algún otro nombre que cause problemas? Mal de muchos….

  • Elegir el nombre del bebé

    Ésta es una tarea complicada en algunas parejas; entiendo que si tú eres de nombres clásicos (Pablos, Juanes, Marías o Lucías) y tu pareja quiere ser original con el asunto (Yustin, Yaruma o Leydi, por decir algunos de los nombres menos comunes que se pusieron en 2013), la cosa se complica y hay que llegar a un acuerdo, o sencillamente sortearlo. Yo no llegaría a este extremo del sorteo si el nombre que propone tu pareja te horroriza, que es para toda la vida.

    Nosotros no tuvimos problema. Somos los dos tradicionales en ese sentido y decidimos que el nombre del primer hijo lo elegiría yo y, el del segundo, maridín. Confieso que nunca creí que llamaría a mi hijo Alfonso, me gusta más para adulto que para un niño. Pero le pusimos ése nombre porque mi hermano Alfonso es su padrino y como además me gusta la historia y el tercer Rey de Asturias fue Alfonso I, pues hala; además, no se oye a menudo y me parece que tiene mucha personalidad.

    Y lo que me ocurre con Rafael es parecido, que me suena más a adulto, y no os voy a engañar, me recuerda al cantante 😉 , lo cual no me emociona, pero Rafa a secas ya me gusta más y me recuerda a Nadal, mucho mejor, ¡dónde va a parar! En cualquier caso, no decidimos quién elegiría el del tercero, básicamente porque entre tres hijos, creíamos que vendría alguna fémina y ahí no había dudas: sería Carmen. Pero va a ser que no y ahí estamos, dilucidando qué nombre poner al bebé que viene en camino.

    Bueno, no estamos decidiendo exactamente, es más bien un «tira y afloja», yo tengo una apuesta y maridín otra. Y confieso que la mía nunca me la hubiera imaginado: Gabriel. Pero me gusta y además, siendo un nombre de toda la vida, no se oye con demasiada frecuencia. Y para más inri, resulta que el Arcángel San Gabriel es patrono de los comunicadores (es decir, de mi profesión) y de las embarazadas (vamos, de mi estado). Tampoco es que esto me influya mucho a la hora de decidir el nombre pero me ha gustado descubrirlo.

    La apuesta de maridín es Jaime, que es un nombre que me encanta. Es más, hace un  tiempo lo hubiera visto más factible que Gabriel, pero como hay unos cuantos a nuestro alrededor… por cambiar. Que conste que tengo un punto a mi favor para que mi apuesta sea la elegida: Alfonso ya lo llama así. Cuando le dije que estaba embarazada, le comenté que, si era niño, podíamos llamarlo Gabriel, y si era niña (eso no entraba en sus planes 😉 ) se llamaría como mamá. Desde entonces, y aunque no hice campaña pro-Gabriel (aunque maridín diga que sí), Alfonso habla del «bebé Gabriel».

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    Que sepáis que, si al final se llama así, me arrepentiré de no haber llamado Miguel a Alfonso, así tendría el pack completo de «arcángeles» 😉 Resulta que mi hermano mayor se llama Miguel y nació un 23 de septiembre. Tres años después, también un 23 de septiembre, nacieron mis hermanos mellizos y ¡¡a mi madre no se le ocurrió llamarles Rafael y Gabriel!! Que digo yo que cumpliendo años los tres el mismo día, podía haberles hecho coincidir también con el santoral. Vamos, yo lo hubiera hecho seguro. Y en vuestra pareja, ¿quién decidió el nombre?, ¿por algún motivo especial?

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