¿Es posible conciliar? La conciliación es una de las grandes tareas pendientes en nuestro país. Es además una cuestión de Estado. Pero dejarlo todo en manos de los gobernantes es un error. Hay muchas cosas para conciliar que dependen de las decisiones que tomemos. Elegir, priorizar, valorar nosotros mismos, identificar qué nos hace estar metidos en la rueda de hámster en la que vivimos, preguntarnos si ese ritmo de vida es realmente impuesto. Desde dentro también podemos sentir que conciliamos, independientemente de las circunstancias. En este episodio, charlamos con Yolanda Herrero Mor, consultora en Mindfulness y especialista en conciliación, empresas y contextos educativos.
Cuando una lee algunas noticias se queda, cuando menos, boquiabierta y piensa «esto será una broma, ¿no?». Ahora, Apple y Facebook financian la congelación de óvulos de sus empleadas para, según ellos, retener el talento, algo que ya están haciendo otras empresas. A ver, que yo me entere, se preocupan por nosotras cuando tenemos 30 años porque, por lo visto, somos más listas pero oye, si a los 40 nos da por tener un hijo, no pasa nada porque ya no debemos ser tan productivas.
Igual soy un poco exagerada pero, para mí, es todo muy simple: o sirvo para un trabajo o no sirvo. Es que no sé porqué algunos siguen empeñados en que si soy madre ya no soy válida como trabajadora. ¿Qué tal si me facilitan la conciliación?, ¿y si en vez de gastarse 10.000 euros en mis óvulos, ponen ustedes una guardería en sus súper centros de trabajo donde hay salas de juegos? Les aseguro que, teniendo a mi hijo cerca y bien atendido, voy a rendir lo mismo o más. Y aún así, ¿es que no se puede tener un buen puesto de trabajo y un horario sensato? Huele todo a machismo, así de claro.
Por otro lado, está claro que nuestra salud les importa bien poco. En toda esta historia, lo único relevante es que nuestros ovulitos sean jóvenes pero, ¿van a congelar nuestro útero?, ¿se van a hacer cargo esas empresas del coste económico y, sobre todo, emocional del aumento en la frecuencia de complicaciones en embarazos tardíos como hipertensión, diabetes gestacional, hemorragias, placenta baja…? Que no me estoy inventando nada, cualquier estudio reconoce un aumento de la prematuridad, de los niños de bajo peso al nacimiento y sobre todo de la mortalidad intrauterina y perinatal.
Me parece perfecto que alguien decida ser madre a los 40 años, sólo faltaba, pero que no lo haga porque a su empresa le conviene sino porque ella realmente lo desea así. Señores, no se enteran ustedes, no nos interesa la congelación, queremos ser madres cuando nos salga de las narices, lo que nos interesa es la CONCILIACIÓN. Mientras tanto, estaremos destinadas a puestos sin relevancia, y no porque no seamos válidas sino porque, para ellos, ser madre no es compatible con tener éxito profesional. Este tema ya lo abordé hace unos meses porque me cabrea bastante pero llegar a estos extremos de pagarnos la congelación de los óvulos merecía un post aparte. ¿Qué opináis?
No puedo hablar de conciliación en el sentido más estricto de la palabra sencillamente porque, cuando nació Alfonso, tenía un trabajo que era una maravilla. Por entonces presentaba un concurso en la Televisión autonómica asturiana (TPA) que se grababa, es decir, no era en directo. Eso suponía que en un día me pegaba la paliza de grabar ¡¡¡10 programa seguidos!!! entre los que había que cambiar de vestuario una decena de veces y retocar maquillaje otras tantas, pero después tenía libres otros diez días así que, el día que trabajaba, cuidaba del niño la mamá de una amiga (adora a los bebés y le hacía muchísima ilusión quedarse con el peque) y el resto de días me encargaba yo del gordi.
Grababa en Madrid así que Alfonso vino conmigo a mi primera grabación después de dar a luz. Cogí la baja 6 semanas por la suerte de trabajar cada 10 días.
Cuando me quedé embarazada de Rafa, dejó de emitirse el programa tras 4 años en antena; intenté buscar trabajo los primeros meses pero después me di cuenta de que estando embarazada, difícilmente alguien iba a contratarme. Así que ese tiempo y el primer año de vida de Rafa, no trabajé. Eso no significa que estuviera parada, la misma semana que dí a luz empecé un master presencial dos tardes a la semana y mi padre se quedaba con los peques. Y antes de cumplir Rafa su primer año, empezó mi colaboración un día a la semana en otro programa de la TPA, gracias precisamente a este blog, al que también dedico mucho tiempo.
Embarazada de cinco meses en el plató del concurso.
Así que se puede decir que trabajo, tal y como lo entendemos habitualmente, es decir, de currar todos los días en un horario fijo, no he tenido estos últimos años. Vamos, lo contrario a los años anteriores, en los que trabajaba y estudiaba a la vez, en los que me mudé de Madrid a Gijón hasta seis veces de una semana para otra, en los que trabajaba a turnos, fines de semana (ayyy, la vida del periodista)… pero claro, no tenía hijos y yo hacía lo que hiciese falta por estar en medios de comunicación.
Pasé una etapa increíble en la redacción de Deportes de TPA, y más siendo el año del ascenso del Sporting a Primera División, pero con niños es un trabajo complicado.
¿Y a qué viene todo esto? Pues desde el viernes pasado estoy trabajando otra vez, y además en lo que me gusta: ¡¡¡he empezado a presentar un programa que se emitirá en Telemadrid a partir del lunes 16!!!! Son unas 20 horas semanales y, en la medida de lo posible, me juntarán horas para que tenga que trabajar dos o tres días, o hacerlo ya de noche (hoy mismo empezaremos a grabar a las 10 de la noche por temas de logística del plató) así que, como es algo temporal, «tiraré» de abuelo cuando sea de día, de maridín cuando sean fines de semana o noches, y el resto del tiempo, vamos, la mayoría, seguiré yo al pie del cañón con los peques. Y en el próximo post volveré a mencionar el tema trabajo por otra razón de peso. ¿Cómo conciliáis vosotras?
«Si algo puede salir mal, saldrá mal». Más de una vez habréis escuchado esta frase que, como sabéis, no se trata de ningún principio científico sino una forma graciosa de explicar desdichas varias. No es que esté rodeada yo de calamidades, ni mucho menos. Sencillamente es que, hay veces, que se juntan muchas cosas buenas pero entonces no llegas a todo y te da rabia porque tú sabes que puedes hacerlo todo. Y es que las mujeres en general y las madres en particular no queremos ni sabemos decir que no, hay que estar en todos los sitios, esto es así.
Si trabajo un día a la semana (99% de los días en viernes) y tengo tres o cuatro eventos sociales al año (que como bien sabéis tiene 365 días), ¿cuántas probabilidades hay de que se junten trabajo y evento la misma jornada si no es un viernes? A priori, ninguna. Pues este sábado estaba invitada a uno de esos acontecimientos que tienes, como mucho, una vez al año. En mi caso, el primero en mi trayectoria como bloguera. Sí, en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo se juntaron este sábado más de 400 blogueras de toda España para hablar de anécdotas, de uso de redes sociales, de fotografía, de bienestar, de negocio… en PuntoMom. Y ese era mi plan para el sábado… hasta el viernes a las tres de la tarde.
Soy muy terca y si digo que voy a un sitio, aunque me perdiera la mayoría de las charlas, voy. Al menos pude estar un ratito y poner caras a muchas personas a las que sólo conocía a través del mundo 2.0 pero me quedaron tantas pendientes 🙁
Y digo que me acompañó la Ley de Murphy porque el viernes recibí una llamada de la televisión para preguntarme si podía trabajar el sábado, el mismo sábado del evento. Maridín estaba escuchando la llamada y no daba crédito a la maldita casualidad. Pero no podía decir que no a lo del trabajo. Así que mi sábado fue digno de una chiflada que sale de un sitio para ir al otro un rato, se come un sandwinch doble en 3 minutos (que se convierte en una bola en el estómago porque 4 rebanadas de pan de molde requieren un mínimo de 10 minutos), y vuelve otra vez corriendo a la grabación contando los minutos por si acaso sale a una hora prudente y puede volver al evento. Vamos, mortal; sólo media hora sentada en 10 horas. Entiendo que a diario no se puede estar con semejante estrés.
Mientras tato, maridín ejercía de padrazo y se iba a la playa con los peques y con todos los bártulos.
Y como la Ley de Murphy está muy presente este 2014 (recuerdo robo de cartera el mismo día en que decidí ir de rebajas), continuamos. Si cada uno de mis hijos se pone malo unas tres veces al año de media y nosotros dejamos a los enanos en casa de mis padres unas seis noches al año para salir en pareja, ¿cuántas probabilidades hay de que se pongan malos una de las noches que se quedan con los abuelos? En principio, calculo que 1 entre 100. Pues oye, el sábado, después de mi maratón, salimos de cena para celebrar el cumple de maridín y mi madre sufrió las consecuencias de una noche toledana. Resumiendo, fin de semana completo, agotador y con esa sensación de quedarse a medias, ¿os pasa a menudo?, ¿queréis llegar a todo y sois conscientes de que no es posible si queréis conservar la salud? 😉
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