Etiqueta: cambios

  • Soy la mamá de…

    Soy la mamá de…

    Al ser madre, adquieres una nueva identidad. Tranquilas, no me voy a poner intensa sino lo contrario. Pues eso, que cuando te das cuenta, te acabas presentando por la vida como «la mamá de». De repente te incluyen en un grupo de Whatsapp y ahí comienzan las presentaciones. Soy Menganita y soy la mamá de… Dieguito. Y yo leo con cara de póquer y pienso, ¿en serio alguna va a memorizarse los veinte nombres en la cabeza? Os voy a ser sincera, o les veo la cara a menudo o la tal Menganita va a ser la mamá de Dieguito el resto de tus días. Así que tranquilas, no os preocupéis las que me veis para comentarme algo sobre un regalo de cumple o lo que sea que os preocupa o queráis comunicarme.. si no recordáis mi nombre, os perdono y además no tenéis ni que disimular que no sabéis cómo me llamo porque es probable que yo tampoco me sepa el vuestro, para qué engañaros.

    Y ojito, que con las mamás de los amigos del mayor aún haces piña y sí, en algún momento dejas de ser la «madre de» para tener tu propio nombre pero es que con el tercero, ni en un grupo de Whatsapp me han metido, lo cual agradezco porque en primero de infantil no creo que haya mucha comunicación que hacer. Y así mi mente descansa, que entre los grupos de cumpleaños, los del fútbol, los de la clase al completo, más los de la clase al completo cuando ya les han cambiado de compañeros, más el del regalo de Menganito, ¡qué os voy a contar! Que me entero de la misa a medias. Total, que me vuelvo a liar, que yo ya presiento que, si con las madres del curso del segundo ya no memorizo los nombres y soy la madre de Rafa, con el tercero me van a tachar de seca y directamente seré la madre del niño rubio ése con cara de pícaro. Salvo que el hijo de la de al lado sea el primer vástago, que entonces incluso igual sabe mi nombre. Pero no, yo ya aviso desde aquí que me dirigiré a la mayoría con un «Hola, disculpa»…

    No me da la vida para tanta historia, con retener en mi cabeza los días que cada niño lleva chándal o uniforme, ya tengo tarea de memorización suficiente. Y esperad, que cuando vas a la agenda de tu móvil para llamar a tu madre, empiezas con la sílaba «ma» y aparte de las Marías y Martas, te salen los nombres de las trescientas madres que ya te has ido grabando en la agenda por aquello de ubicar un poco, que ya que no te aprendes los nombres, qué menos que ubicarlas como madres de los amigos de tus hijos.

    Luego llega el momento en que los niños, es decir, los amigos de tus criaturas, se refieren a ti también como «madre de». Que si no hago yo el esfuerzo de memorizar nombres, menos lo van a hacer ellos, bastante tienen con sus cosas. Y entras en el vestuario del mayor cuando están montando algarabía mientras se ponen la equipación de fútbol para entrenar, y les ves darse codazos cuando entras y se mandan callar unos a otros porque «está la madre de Alfonso». En fin, es lo que hay.  Pero es que claro, ¿cuándo un hijo te llama por tu nombre? Nunca. Pues ya está todo dicho. Por cierto, me llamo Carmen.

  • Pasar del capazo a la silla: cuándo

    Pasar del capazo a la silla: cuándo

    Que te escriba por whastApp la que ha sido tu jefa para preguntarte cuándo vas a pasar a tu hijo del capazo a la silla ya es como para tomarse en serio eso de que eres una madre experta. Supongo que tener tres  ya hace pensar que algo de experiencia vamos cogiendo. Y si puedo dar algún consejo, lo hago encantada, basándome en mis propias experiencias. En cualquier caso, uno de los cambios más sencillos con los que me he encontrado como madre es el del pasar del capazo a la silla. En su día, con mi primer hijo, no pregunté a nadie, simplemente observé:

    1. Que la criatura ya tenía ciertos problemas de movilidad dentro del capazo: Tanto Alfonso como Gabriel han tenido prácticamente en todas las revisiones un percentil de altura del 97% y llegados a los cuatro meses, me pareció que aquello ya no podía resultarles cómodo. Y menos si alguno es aficionado a dormir con los brazos hacia arriba, como le ocurre al peque, al que precisamente cambié antes de Semana Santa, el mismo día que cumplió 4 meses. Como veis en la foto, creo que el tamaño es un factor importante para dar el salto.

    pasar del capazo a la silla

    2. Que el churumbel empiece a protestar cuando está despierto: De repente, de la noche a la mañana, tu bebé ya no quier estar dentro. Ves que protesta y cuando no estás en movimiento, te dice que «tararí», que ni de broma, vamos, que lo metes allí para dormir un ratito mientras estás en un restaurante o en casa de la abuela y acaba en tu regazo mientras intentas comer. Yo esta tercera vez, me di cuenta justo en un restaurante del que os hablé en otro post la semana pasada. Se ve que ya quieren curiosear y enterarse de lo que pasa a su alrededor. Y para eso, mucho mejor la silla.

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    Donde esté la sillita para poder cotillear, que se quite todo lo demás. Gabriel feliz en la silla de Bugaboo

    Esto suele ocurrir en torno a los cuatro meses, por lo menos así ha sido con mis tres peques. A mí me da cierta pena porque se van quemando etapas y te das cuenta de que el tiempo con ellos pasa volando. Que enseguida empezaremos con las frutas, las verduras.. y cuando me dé cuenta, tendré a Copito de Nieve andando. De cualquier manera, lo estoy disfrutando como una loca, como lo hice con cada uno de ellos. ¿Cuándo hiscisteis en cambio?, ¿qué notasteis para dar ese paso?

  • Tener hijos porque toca

    Aunque no lo creáis, esto de llevar una vida «marujil» me está haciendo aprender más sobre el ser humano que cualquiera de los trabajos que he tenido. De hecho, no hace mucho os hablaba aquí de la sorpresa que supuso para mí que, a estas alturas, se llame «coneja» a mujer por tener varios hijos. Pues resulta que, aunque os parezca imposible, hay parejas que tienen hijos porque hay que tenerlos, porque toca, porque eso es lo que se espera de las personas cuando llegan a una edad. Si no, no se entiende una conversación como ésta que tuve con una madre de dos niños. Es real:

    Yo: Ya me han contado que Manuela (nombre ficticio) está embarazada de mellizos.

    Madre: Si, por ahora.

    Yo: ¡Vaya!, ¿Qué tiene: riesgo de aborto o algún problema?

    Madre: Tiene miedo a perder alguno. Pero bueno, mejor si lo perdiera.

    Yo: Pero ¿y eso?

    Madre: Mira cómo estoy yo de atada.

    Si, lo que leéis es veraz. Lo mejor es que la madre ni siquiera trabaja, vamos, un agobio de morir. Me revientan este tipo de comentarios. Me molestan esas madres cenizas que están todo el día quejándose de lo dura y terrible que es su vida desde que tienen hijos. ¡Coño, claro que es duro pero es que yo no me quedo con eso!, ¿no sabían lo que era tener hijos, más o menos? Y es que, aunque os parezca increíble, días atrás, una señora me dijo en la frutería (vida «marujil» total) que, si lo hubiera sabido, mejor hubiera tenido sólo uno.

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    Sinceramente, tener hijos porque es lo que se espera de ti es, primero, no tener personalidad alguna, vivimos ya en una sociedad lo suficientemente moderna como para que la gente acepte con normalidad el que no quieras tener hijos. Es cierto, si te casas o vives en pareja, la gente pregunta que para cuándo los hijos pero nadie te pone una pistola en la sien para tal menester. Así que, si no quieres tenerlos porque te atan, no los tengas. Y segundo, tener hijos porque toca es ser egoísta. Sí, porque si no estás dispuesta a quererlos con todo lo bueno y lo malo, eres una persona egoísta. Querer que tu vida sea igual antes y después de ser padre es una quimera, cualquiera sabe que hay cosas que cambian.

    Intento creer que se trata de casos puntuales aunque es cierto que veo padres que parece que no tienen prisa por llegar a casa, que salen del trabajo y, en vez de ir a casa para estar más tiempo con sus hijos, van a tomar algo por ahí, al gimnasio… todos los días. Y llegan cuando ya les han bañado y han dado de cenar a los niños. Entiendo que llegues tarde por trabajo pero ¿por ocio y sistemáticamente? No es mi concepto de la maternidad/paternidad.

    Claro que hay que buscar un rato para hacer algo de deporte y ver a tus amigos de vez en cuando, hacer una escapada en pareja, dejarles una tarde con sus abuelos para ir a la pelu, a darte un masaje, lo que quieras… de hecho, no hay cosa peor que encerrarse y cambiar radicalmente tu vida por tener hijos, ni lo uno ni lo otro. Pero, ¿son tus hijos lo más importante? Pues si apenas les has visto por la mañana antes de ir al cole o guardería, ¿no deberías morirte de ganas por llegar a casa y pasar un tiempo con ellos? Eh, que yo no soy una madre perfecta, yo también me canso, doy gritos, soy de las que, cuando llega el verano, digo: ¡Dios mío, casi tres meses con el niño en casa las 24 horas del día! Pero ya lo he dicho en alguna ocasión, no son una carga y no me atan, me ato yo a ellos. Decidme que esto que he contado hoy lo veis con poca  frecuencia y me quedaré más tranquila.

  • Demasiados cambios… como para perdérmelos

    Si tuviera que separarme de mis hijos varios días, creo que “moriría”. De Rafa aún no me he separado más de unas horas, y de Alfonso sólo tuve que distanciarme dos días al mes por motivos de trabajo, de eso hace ya más de un año.

    Si tuviera que irme sin ellos más de cuatro días (creo que por ahí debe andar mi tope de independencia), además de echarles de menos, necesitaría que quien estuviese a su cargo me hiciera un detallado boletín informativo de todo lo que han hecho cada día. Y no, no es que yo sea una exagerada, es que estos críos no dan tregua, que en cuestión de días pasan demasiadas cosas.

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    Primer diente de Rafa hace una semana, ahora ya estamos con el segundo.

    En menos de dos semanas, a Rafa le han empezado a salir los dientes. Vale, este es un acontecimiento sin mucha trascendencia porque hasta que no tenga unos cuantos dientes más no va a poder tomar sólidos, pero qué narices, todos los padres estamos pendientes de su primer diente, sus primeros pasos… Si me fuera mañana durante unos días, a mi vuelta me lo encontraría gateando, porque ya ha cogido posición. Y sinceramente, quiero estar para verlo.

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    Y Alfonso otro tanto de lo mismo. Resulta que cada semana incorpora nuevas expresiones a su lenguaje y de repente te dice “ya sabes”, ante lo que no puedo hacer otra cosa que reírme y decirle ”sí, sí, ya sé”. Y en una semana muy acuática ha perdido el miedo a tirarse a la piscina, porque siempre ha sido un poco temeroso. Lo malo que tiene este avance es que ahora tengo que oír “mamá, mira cómo me tiro” una media de cien veces diarias.

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    Pues eso, que sin ser una drama-mamá ya no sé vivir sin mis dos tesoros. Que sé que cuando sean algo más mayores e independientes, yo les dejaré tranquilamente los días que sean necesarios. Pero ahora mismo, quiero estar siempre ahí para ver sus avances; este verano sólo voy a separarme de ellos un fin de semana para hacer plan de pareja, que también hace falta.

  • Fin de una etapa

    Ya me vais conociendo y sabéis que soy una madre instintiva, no leo libros sobre el embarazo ni cómo cuidar bebés y hago lo que considero mejor para mis niños en cada momento. Intento no volverme loca a la hora de tomar decisiones y, por supuesto, no dramatizo. Pero oye, de vez en cuando me sale la vena «sensiblona» y ayer me dio pena recoger a Alfonso en la guardería por última vez.

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    Ayer salió con su carpeta llena de recuerdos. Y con esta pinta de niño mayor.

    No sé si es porque cogí cariño a su profesora, que casualmente fue mi vecina durante muchos años y sus hijos y yo compartimos juegos. No sé si es porque veía que Alfonso lo pasaba muy bien allí con sus compañeros. Podría ser. Sin embargo, tengo la sensación de que lo que más tristeza me da es saber que ya tengo un bebé menos en casa. En el momento en que pasan al colegio ya son niños.

    Empezó su aventura en la guardería hace diez meses cuando tenía ocho dientes y le quedaba un mes para celebrar su segundo cumpleaños. Ahora no tiene huecos en la boca. Entró llorando y ha salido sonriendo. Cuando emprendió su viaje a la guardería, su mamá (la que aquí escribe) tenía una enorme tripa y ahora tiene un hermano del que ya no puede prescindir.

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    Su primer día no fue fácil acostumbrado como estaba a mamá.Y su aspecto era de bebé, ahora ya no lo tiene

    Comenzó con cuatro pelos y ahora tiene melenaza; aunque no lo creáis, aún no le he cortado el pelo desde que nació, pero no os preocupéis que es genético, yo tampoco tenía mucho pelo de pequeña y ahora lo tengo estupendamente. Así que evitad cualquier comentario sobre el corte de pelo y su posterior «fortalecimiento» 😉 Empezó la guardería acostumbrado a una única compañera de juegos diarios (servidora) y ha terminado con una legión de nuevos amigos. Y lo que más se nota es el cambio en su lenguaje, apenas usaba una decena de palabras cuando empezó y ahora tenemos muchísimas conversaciones con él.

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    A final de curso llegan las notas, en la guardería son especiales y nos dicen todo lo que ya hace nuestro peque.

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    Y nos entregan en una carpeta todos aquellos trabajos que ha ido haciendo el artista.

    Comenzó con pañal y… mañana me pongo en serio con ese asunto. En fin, muchos cambios en poco tiempo, de ahí que siempre quiera disfrutar de mis niños. Dentro de nada, sin haberme dado cuenta, tendré adolescentes que no querrán que les achuche públicamente. Así que os dejo que voy a besuquearles un poco ahora que todavía se dejan. ¡Buen fin de semana!

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