Etiqueta: animales

  • Granjeros por un día

    Granjeros por un día

    Si hay un lugar de obligada visita con niños es una granja. Es una forma bonita y real de que los peques descubran y vean de dónde sale la leche que desayunan cada mañana, los huevos que comen… Porque muchas veces creen que todo eso sale directamente del supermercado. Y conocer una granja les permitirá estar en contacto directo con la naturaleza. Este fin de semana disfrutamos de la visita a la granja La Cuesta, en Cudillero. Fue toda una experiencia para los peques, que pudieron montar en pony y caballo, coger y acariciar conejos, dar de comer a las cabras, ordeñar una vaca y tomar su leche directamente… Vamos, que lo pasaron en grande.

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    Alfonso y Rafa encantados. Eso sí, mucho más valiente el mediano.
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    Y yo me animé a subirme, sólo lo había hecho una vez en la vida.
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    Uno de los mejores momentos: coger a los conejos.

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    Aunque a Gabriel no pareció hacerle gracia.
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    Quien más disfrutó de las cabras fue Rafa.
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    Y todo en un precioso día de sol.

    La visita duró casi cuatro horas, es llevadera pero es cierto que el final se hace ya duro para los más pequeños, que están cansados. Es gratis para los menores de cinco años y cuesta tres euros para el resto de niños y diez euros a los adultos. No tienen web, se contacta directamente llamando al dueño de la granja, que durante el verano hace visitas a diario pero, a estas alturas, las hace en días concretos. Yo creo que es una experiencia, sin duda, que les encanta. Y a los mayores también nos descubre muchas cosas sobre cómo funciona una granja. Sin duda, merece la pena. ¿Qué os parece el plan?, ¿lo habéis hecho alguna vez?

  • Cabárceno, una visita indispensable

    Cabárceno, una visita indispensable

    Tenía muchas ganas de ir con los niños al Parque Natural de Cabárceno (Cantabria). Es un lugar al que fui siendo niña en más de una ocasión y creo firmemente que es un sitio que hay que visitar, al menos, una vez en la vida. Cierto es que nuestra idea era ir con los churumbeles más adelante, cuando fuesen un poco más mayores pero al final surgió así; teníamos un evento familiar en el País Vasco y casualmente el lunes era festivo en Gijón así que, ya que hacíamos maletas, ¿qué más daba una noche más en Cantabria? En otra ocasión os hablaré de Suances, que es el pueblo donde dormimos. Si alguien va a hacer ruta por tierras cántabras este verano, que se apunte el nombre y lo visite.

    Dicho esto, me centro en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Que nadie tenga en mente que aquello es un zoológico convencional porque ni lo es ni se le parece. Estamos hablando de 750 hectáreas (de una antigua explotación minera) de una belleza espectacular donde los animales no viven con completa autonomía pero sus actividades están marcadas por su casi total libertad e instinto. El parque acoge un centenar de especies de animales de los cinco continentes que se encuentran en recintos de una superficie enorme.
    DSCN6010El recorrido se hace en coche aunque, si alguien quisiera, podría hacerlo andando. Ya os digo que son varios kilómetros y que, además, hay numerosas zonas de aparcamiento por todo el parque con lo que me atrevo a decir que casi nadie hace el itinerario a pie teniendo en cuenta que puedes pararte prácticamente en cualquier parte. El precio de la entrada para adultos es caro (25 euros) pero los niños de hasta 5 años entran gratis así que, por primera vez, ir con tres críos pequeños nos salió por el mismo precio que si hubiéramos ido con uno 😉

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    Foto desde el coche.

    Y aquí van algunas recomendaciones:

    1. No vayáis días de sol y calor, casi nos da algo a más de 30 grados bajando y subiendo del coche con los tres peques. Si podéis elegir, dejad este plan para días nublados. Además, nos quedamos sin ver algunos animales que, lógicamente, se escondían en cualquier lugar con sombra.

    2. No os perdáis bajo ningún concepto la exhibición de los leones marinos; será, sin duda, lo que más les guste a los niños. Además, me encantó saber, según nos contó una de las cuidadoras, que son animales que aprenden muy rápido, son sociables y además, les gusta relacionarse con los humanos que son simpáticos. Vamos, que son como los niños.

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    3. Los animales que no podéis dejar de ver tampoco son, desde mi punto de vista, las jirafas. Son absolutamente espectaculares y es fácil observarlas de cerca. No es igual de sencillo ver a los elefantes a una distancia corta ya que el espacio en el que están es enorme. Nosotros sí tuvimos suerte. Y otros animales dignos de ver son los osos, las cebras y los orangutanes.

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    DSCN60004. Hay cafeterías y restaurantes pero, sinceramente, el parque tiene vistas tan bonitas que recomiendo comer al aire libre. Además, se puede hacer prácticamente en todo el recinto. Nosotros elegimos un banco debajo de un árbol precioso y estuvimos encantados comiendo bocadillos.

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    Los pelos de mis hijos también son dignos de ver 😉

    Para mí, como he dicho al principio del post, el Parque de la Naturaleza de Cabárceno es, sin duda, una lugar al que ir con los niños una vez en la vida… por lo menos. ¿Lo conocéis?

    Avisos:

    Tenéis la lista de ganadoras del sorteo Impetus de ropa interior de niños aquí.

    Como he visto que muchas conocéis y compráis en Vertbaudet, los descuentos están aquí.

  • Un paraíso para los niños

    El plan de este sábado estaba «cantado»; frío, viento y nubes amenazantes en el horizonte, por un lado, y penúltimo día en Asturias estas Navidades, por otro lado. Pues eso, que teníamos que ir a Mercaplana sí o sí y ¡menudo acierto! El año pasado no estuvimos, y el anterior Alfonso tenía 14 meses, así que no se enteraba de mucho y además podía hacer pocas cositas.

    Pero sí, este año por fin ha descubierto que el paraíso debe ser lo más parecido a Mercaplana. Y como él, todos los niños que estaban por allí, que no eran pocos. Una cosa que hay que tener clara cuando uno va a este tipo de sitios es que, como le cojan gusto a una atracción o actividad, te puedes «tirar» la tarde entera sin moverte del sitio.

    Ovejas, cabras, burrito, cerditos, vaca…

    Una de las cosas que más le gustó fue la granja, donde podía tocar a los animales. La lluvia nos impidió estar allí más de cinco minutos pero aún nos quedaba mucho por hacer…

    Otra de las cosas que hay que tener en cuenta si vas con dos niños es que son necesarios dos adultos. Primero, porque en dos segundos te despistas y has perdido a alguno de los niños, que fue lo que les pasó a unos conocidos que nos encontramos, y eso que sólo estaban al tanto de un niño. Y segundo, que es probable que uno de los críos quiera subirse en el tren y el otro quiera ir al castillo hinchable. Y es que, dependiendo de las edades, tienen una u otras preferencias.

    Como es obvio, Alfonso se decantó por el tema de dar saltos»…

    Y Rafa estuvo en la «bebéteca», donde también había un pequeño castillo hinchable. Hicimos el intento de meterle allí pero creo que, como había niños de dos años saltando, se sintió algo inestable 😉

    Una cosa a la que yo no esperaba sacarle ningún partido fue a la mini-disco. Estaréis pensando que Alfonso se puso bailón, ¡pues no! Alfonso lo que encontró fue un hinchable con tobogán incluido y de ahí no había quién lo moviera. Así que yo me senté en el suelo con Rafa sin saber que iba a empezar el espectáculo justo delante de nuestras narices.

    De repente, sale una animadora y empiezan a poner música. Como veis, la escena empieza con una decena de niños.

    Rafa se levanta y empieza merodear por ahí. Mientras tanto, los padres se dedican a hacer fotos a sus niños, que cada vez son más.

    La escena concluye con todo el barullo que veis detrás, del que tengo que sacar a Rafa. La animadora les dice a los niños que saquen a bailar a su padres y allí que salen todos a hacer la coreografía de «soy una taza, una tetera»… No os avergoncéis si sabéis el baile y la letra, allí nos lo sabíamos todos.

    En realidad, los padres volvieron a su sitio cuando acabó esa canción pero oye, pusieron a Paulina Rubio y ahí que me puse yo con Rafa a darlo todo, que tengo un mono de baile que no os imagináis. Y bueno, que Rafa al final se convirtió en un danzarín más; verlos bailar a esa edad en la que todavía caminan como patitos se convierte en una atracción. Así que, tengo que confesar, que me lo pasé pipa. Eso sí, cuando llagamos a casa y Alfonso me preguntó ¿jugamos? casi me da un mal… ¿Son o no agotadores estos enanos?

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