Etiqueta: agua

  • LILLYDOO, nuevos diseños y pañales para el agua

    LILLYDOO, nuevos diseños y pañales para el agua

    Hace unos meses comencé, por primera vez en todos estos años que llevo con el blog, una colaboración con una marca de pañales tras unos meses probándolos. LILLYDOO resultó ser un verdadero descubrimiento, como os conté en este post. Unos pañales hipoalergénicos, respetuosos con el medio ambiente, suaves y con los que no hay escapes. Ahora, durante lo que resta de año, además, seré colaboradora habitual de la marca, lo que me permitirá probar sus nuevos productos. Ya tenemos en casa la nueva edición limitada ‘OUT OF THIS WORLD’, tres nuevos estampados que estarán disponibles de la talla 3 a la 5 hasta que se agoten existencias. LILLYDOO también pone especial atención al diseño de sus pañales que, como ya os conté, cumplen con altos estándares de calidad, son súper suaves y absorbentes, y respetan la piel de los bebés.

    También hemos podido probar los pañales bañador; los estrenamos hace un par de semanas. Primera sensación: ¡no se hinchan! Tal cual lo leéis y tal cual podéis ver en la imagen; una vez mojados, no aumentan su tamaño porque no tienen perlas absorbentes, lo que les permite más libertad de movimientos a los bebés. Están disponibles en dos estampados, son elásticos (no aprietan ni cuesta ponérselos, os lo garantizo) y tienen protección contra las fugas. Como los pañales de la marca, también son súper suaves. Existe la posibilidad de comprarlos individualmente o incluirlos en la caja mensual.

    La caja mensual

    De la caja mensual ya os hablé en el post anterior y, tras los dos meses de confinamiento, fui todavía más conscientes de lo útil que es recibir cada tres, cuatro o cada seis semanas tu caja con todos los pañales que vas a necesitar en ese tiempo. Nunca te quedas sin ellos y aún te sobran algunos. La caja es flexible y personalizable, eliges talla y diseño de pañal, fecha e intervalo de entrega, tienes la posibilidad de añadir más productos, ya que disponen también de toallitas húmedas (no tienen perfumes ni emulsionantes PEG y son 100 % biodegradables). Dentro de la gama de toallitas húmedas, acaban de lanzar unas nuevas para manos y cara, que vienen genial para llevar en el bolso siempre y que no irritan los ojos. 

    LILLYDOO también cuenta con varios productos para el cuidado de la piel, como su aceite de almendras, crema protectora y crema hidratante, certificados por Ecocert Greenlife, ya que se elaboran con ingredientes de origen 100 % natural y se producen de forma respetuosa con el medio ambiente. Además, la caja mensual no tiene compromiso de permanencia, la puedes cancelar en cualquier momento y todos los productos tienen un descuento del 25% sobre su precio que si se comprara individualmente. Añado también que si queréis probar los pañales, podéis pedir un paquete de prueba gratis que incluye 10 pañales y un paquete de 15 toallitas.

  • Cosas que se aprenden en vacaciones

    Cosas que se aprenden en vacaciones

    Este año, debido a mi trabajo, hemos pasado sólo diez días fuera de Asturias pero ha sido el tiempo suficiente para aprender cosas nuevas. Y no me refiero al lugar donde veraneamos, Torredembarra (Tarragona). Primero, porque hace ya años que vamos al mismo sitio al tener un apartamento mis suegros allí. Y segundo, porque no hay nada que lo haga un lugar especialmente interesante o bonito, desde mi punto de vista. Eso sí, playa, toda la que queráis, llegar a la orilla es como cruzar el desierto del Sahara. A lo que íbamos, las vacaciones con niños son divertidas, a la vez que estresantes, porque descubres cosas nuevas:

    1. Como se te ocurra ir a un sitio con el típico trenecito turístico «la has liado»: nadie te libra de un paseo por el pueblo en cuestión y, como se pongan pesados, te toca repetir. Peor aún es tener en el paseo marítimo varios puntos con atracciones, castillos hinchables y camas elásticas. Prepárate para gastarte «las perras» porque, si en tu época costaba 100 pesetas el viajecito, ahora te «clavan» 3 euros. Ver para creer.
    Y encima, el pequeño te hace tres veces la misma jugada: suplicar subirse a los coches para hacerlos parar en mitad del trayecto a lágrima viva.
    1. Descubrir que tu hijo pequeño le tiene pánico a los chorros de la piscina y además grita «pipí» cuando se acerca a alguno: lo cual te obliga a decir bien alto «Que no hijo, que es un chorro de agua» para que la gente de la urbanización no se alarme pensando que tu peque está orinando por todos lados.
    2. Si tus retoños son capaces de abrir las duchas de las piscinas, harás ejercicio: básicamente, salir de la piscina una y otra vez si estás dentro, o levantarte otras tantas veces si estás tumbada en la toalla.
    3. Da igual que tus hijos tuviesen miedo al agua al empezar el verano porque, en cuestión de días, no querrán salir de la piscina o del mar: Y si en vez de una temperatura de 20 grados, el agua está a 25, entonces habrá disgusto asegurado porque aquello les parecerá caribeño.

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    1. La tonalidad de piel bronceada de tus descendientes se te olvida durante el invierno: cada verano te vuelves a reencontrar con un color, casi parecido al de otra raza, que habías olvidado por completo y que crees que nunca habían tenido. Pero no, miras las fotos de los veranos anteriores y, efectivamente, estaban negros. Y eso, poniéndoles crema con protección total, de esas que te dejan el cuerpo blanco hasta cuando sales del agua.
    Y además, con moreno-manguito, algo así como el moreno-obrero.
    1. Y por último, descubres que cada día odias más los peajes: Sí, son caros de narices pero los aborreces porque, si el coche hace un efecto somnífero sobre los niños, los malditos peajes les despiertan. Y no sólo eso; tratas de evitar aquellos en los que hay personas con las que tienes que cruzar tres palabras (suficientes para despertar a las pequeñas fierecillas) y ahora resulta que los que son automáticos te hablan, manda… Si alguna persona de las que me está leyendo es responsable de la creación de estas máquinas, por favor, hagan los pertinentes cambios. Ningún ser humano va a contestar a un artilugio.

    Y esos han sido mis nuevos descubrimientos los días que hemos pasado fuera aunque os aseguro que este verano está siendo para mí toda una revelación en cuanto a los peques. Me lo reservo para otro post. ¿Qué descubrimientos habéis hecho este verano?

  • Cuándo llevar a los bebés a la piscina

    Este fin de semana llevamos a Rafa por primera vez a la piscina, obviamente cubierta. Una cosa es que haga buen tiempo y otra es meter a los críos en el agua al aire libre en abril. A Alfonso también le llevamos por primera vez a la piscina cuando tenía cinco meses. En su momento, lo hicimos por aquello de hacer cosas nuevas con el peque, no pretendíamos que aprendiese a nadar a esas alturas de su vida.

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    Alfonso, por primera vez en la piscina, año 2011.

    Su reacción fue muy buena; no quiero decir con esto que se lo pasase bomba, pero no lloró ni cuando decidimos sumergirle la cabeza en el agua. Simplemente puso cara de susto, parecía preguntarse qué narices hacía allí. Repetimos otras dos veces aquella primavera, enseguida llegó el verano y descubrimos que Alfonso sentía pasión por el agua. Le poníamos en la orilla y cada vez que llegaba una ola y le cubría se partía de la risa. Y en cuanto empezó a gatear, se iba solo hacia el mar. Llamaba la atención de los paseantes.

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    Alfonso en la playa, uno de los sitios que más disfrutó en su primer verano.

    No sabemos si tuvo algo que ver el hecho de llevarle pronto a la piscina con su pasión por meterse en el agua, pero el caso es que con Rafa hemos repetido. Su reacción este fin de semana fue la misma que la de Alfonso en su momento, cara de alucinado y ni un llanto al meterle la cabeza en el agua. Me imagino que ese contacto temprano con el medio acuático les ayuda a perder el miedo.

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    Alfonso y Rafa, este sábado.

    Es más, con Alfonso viví el susto más grande de mi vida el pasado verano, cuando se cayó vestido y sin manguitos en la piscina de unos amigos. Me lancé a por él, vestida y embarazada de casi siete meses, y cuando le saqué lloraba; enseguida me di cuenta que había llorado por el susto, no por el agua, y es que, a los pocos minutos, quería meterse otra vez. Mi objetivo para el verano que viene es que Alfonso aprenda a nadar sin manguitos. Y confío en que Rafa reaccione en el mar tan bien como lo hizo Alfonso la primera vez.

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