Categoría: lenguaje

  • Mi bebé no habla… aún

    Mi bebé no habla… aún

    Visto lo visto, ya puedo decir que en mi casa ha habido de todo. He tenido un hijo que en sus inicios hablaba algo parecido al chino y que luego siguió un ritmo normal de aprendizaje en cuanto al idioma materno. Después llegó Rafa para demostrarme que que se puede ser un bebé y hablar como un paisano, con un vocabulario amplio y selecto que lo mismo incluía un «por cierto» que un «venga tío» a los 20 meses. Y ahora tengo un pequeño de 17 meses que no se esmera lo más mínimo en soltar prenda. Que sí, que lleva ya unos meses parloteando algo pero no dice ni una sola palabra inteligible en nuestro idioma, más allá de papá o mamá. Eso sí, el condenado lo entiendo todo. Pero hablar español, nada, que cuando quiere algo, te coge de la mano y te lleva al lugar del delito o de las galletas. Veréis que igual es de los que no dicen bien la r y menudo nombrecito tiene 😉

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    Os voy a decir una cosa, es algo que no me preocupa nada por el momento. Al igual que para andar, cada uno tiene su ritmo y no me inquieta que esté cerrado en banda con esto de comunicarse en castellano porque, por el momento, se hace entender a través de gestos, y además es muy teatrero. Pero ya pensando en niños más mayores, como Alfonso, hay dos cosas fundamentales para que hablen y escriban bien en el futuro, que uno se encuentra cada falta de ortografía por ahí, que duele todo 😉 Una es leer y que les leamos, tanto para escribir como para hablar correctamente; el otro día sorprendí a Alfonso leyendo un periódico con 5 años (los deportes, eso sí) y hasta me emocioné.

    Y segundo, y eso ya para los mayores de 6 años, creo que es muy positivo tener el diccionario siempre a mano. Lo reconozco, he vivido media vida, desde que tengo uso de razón, pegada a un diccionario o a varios, porque el de latín me dio mucho juego, y el de inglés otro tanto de lo mismo. Pero del que nunca me separé fue del de español, no olvidaré lo que pesaba el condenado en la mochila día sí, día también. Creo que usarlo a menudo me vino muy bien a la hora de tener recursos para escribir, sobre todo de cara a encontrar sinónimos. El juego de Tabú también fue un clásico 😉

    Hoy en día, mis hijos aún no están en contacto con el mundo online pero, cuando les toque, se librarán del diccionario de papel de cientos de hojas y buscarán a través de la red, como hago yo todos los días. Para mí, es una herramienta fundamental en el cole y en trabajos como el mío. Yo, por ejemplo, uso Woxikon, que lo mismo me busca un sinónimo cuando estoy espesa que me encuentra palabras que rimen entre sí, que traduce en 13 idiomas, que conjuga verbos. Vamos, un poco de todo. Para mí, el haber usado tanto el diccionario de niña, ha compensado un poco el hecho de leer poco cuando he sido más mayor, que es otro de los pilares fundamentales a la hora de escribir y hablar bien. En fin, por ahora, a los niños les dejo tranquilos que son pequeños. Pero vamos, que enseguida les encasqueto un diccionario. De momento, leemos con los mayores y le hablamos mucho al pequeño, a ver si se lanza y se esmera un poco. ¿Cómo lo llevaron vuestros hijos?, ¿hacéis algo para que hablen bien los mayores?

  • Cuando tu hijo habla más de lo «normal»

    Cuando tu hijo habla más de lo «normal»

    En mi casa no somos precisamente discretos en esto del habla. El mayor ha salido a maridín, los dos hablan por los codos con cualquiera y se detienen a contar cada detalle de un acontecimiento. En esto, Alfonso se lleva la palma; como quiera contarte algo con pelos y señales, ponte a temblar porque se tira diez minutos de reloj para narrarte una jugada de fútbol del recreo del cole. Mientras tanto, el mediano y yo somos muy charlatanes pero a la vez selectivos, en cuanto a la gente a la que soltar el rollo y en cuanto al vocabulario, que ahí no escatimamos. En el post de hoy me voy a detener en el tema de Rafa porque es absolutamente asombroso y, por supuesto, divertido.

    Justo hace dos años que escribí un post sobre cómo hablaba Alfonso y me he dado cuenta de que su hermano mediano le da mil vueltas con la misma edad. ¡Ojo! cada niño a su ritmo pero oye, ahora lo que estoy viviendo es la experiencia de un crío que, con dos años y cinco meses, se expresa con la misma facilidad que un niño de 4 años (eso sí, con quien le da la gana). Dicen que entre las edades de dos y tres años, el vocabulario de un niño aumentará hasta las trescientas palabras (insisto, cada uno a su ritmo) y os aseguro que el gordi hace ya tiempo que es capaz de referirse prácticamente a cualquier cosa. Ya le sorprendió a la pediatra en la revisión de los dos años y ya nos lo dicen en la guardería. Pero vamos a lo divertido del asunto, ¿qué pasa cuándo tu hijo habla más de lo habitual?

    Las "notas" de Rafa de la guardería.
    Las «notas» de Rafa de la guardería.

    1. Utilizan expresiones de mayores, vamos, que no les pegan nada: es frecuente que empiece a contarte cosas con frases como ¿y sabes qué?. Si te da por cachondearte te salta con un ¿de qué te ríes? Y por supuesto, es muy típico que acabe una frase con un ¿sí o no?

    Ahí lo tenéis, el verano pasado, con 21 meses, hablando cual barriobajero 😉

    2. Tienen conversaciones surrealistas para llevarte a su terreno: son capaces de volverte absolutamente loca. He aquí un diálogo (de besugos) de la pasada semana.

    Yo: Rafa, ponte las zapatillas.

    Rafa: ¿Las zapatillas?

    Yo: Sí, las zapatillas.

    Rafa: ¿Las zapatillas?

    Yo: Sí, Rafa, ponte las zapatillas.

    Rafa: ¿Los playeros?

    Yo: No, las zapatillas.

    Rafa: ¿Los playeros?

    Yo: Ponte lo que te dé la gana.

    3. No te dejan hablar por el móvil: Sí, que eso es muy típico de todos los niños y bebés porque les gusta más un móvil que un caramelo. El problema es que, no sólo te lo intenta quitar, sino que mientras tú intentas tener una conversación con tu santa madre, el niño no hace otra cosa más que decir Abuelaaaaa, ¿qué tal? Y venga a hablar y hablar. El problema es que esto te lo hace un crío de 4 años, le dices que deje de charlar que si no no hay parque, y más o menos lo entiende. Con dos años, directamente se la trae al pairo.

    4. Se saben todo el repertorio de canciones infantiles existentes en el mundo: Sí, desde el Señor Don Gato hasta el Patio de mi casa, pasando por los villancicos que, en su caso, son atemporales y se cantan en cualquier situación y momento del año. No exagero si digo que, ahora mismo, ya se sabe casi completas una veintena de canciones, incluyendo el Vivir, vivir de Marc Anthony (pruebas en Facebook). Creo que Alfonso, con esta misma edad, se sabía un par, y como mucho. Esto es divertido para un rato pero a veces resulta una tortura porque me doy cuenta de que voy por la calle tarareando eso de ya lo llevan a enterrar, por la calle del pescado, maramiamiaumiaumiau…

    En fin, el tío es divertido de narices y llama la atención cuando habla, para qué os voy a engañar. No os podéis imaginar la de veces que maridín y yo nos tenemos que dar la vuelta para reírnos porque dice algo que nos deja fuera de bolos. En Instagram cuelgo de vez en cuando algunas de sus perlas (en breve le hacen club de fans). Y vuestros peques, ¿han sido precoces o se han hecho de rogar?

  • ¿Garbiel o Grabiel?

    En esto de poner nombres a los críos hay que andarse con mucho ojo. Yo creo, y esto es muy personal, que la originalidad hay que dejarla de lado, que un nombre es para toda la vida. Bueno, ahora ya se puede cambiar pero, por lo menos, le va a acompañar durante la infancia y la adolescencia, y no es plan de causarles traumas a las pobres criaturas. Ya os conté en otro post cómo a mi padre, cuando fue al registro, le dio por añadir un segundo nombre, nada convencional, a dos de mis hermanos. Ellos, trauma no tienen pero algún que otro cachondeíto sí que se han traído.

    A pesar de haber elegido unos nombres bastante comunes para mis hijos, independientemente de que gusten o no, el de Gabriel trae serios problemas a mucha gente. Lo sabía cuando lo elegí, soy consciente de que mi hijo más de una vez tendrá que repetir su nombre, es más, es posible que él mismo tenga problemas para decirlo cuando sea pequeño pero eso entra dentro de lo normal. Lo mismo pasa con Rodrigo; la R, la dichosa R, trae de cabeza a más de uno. Entiendo que mi hijo Rafa llame a su hermano Babriel, porque dos vocales tras una R suponen una dificultad para cualquier peque. Comprendo que Alfonso, al principio, dijese Garbiel pero ¿soy la única a la que le sangran los oídos cuando oye decir a un adulto cocreta en lugar de croqueta? Esto no es como en las matemáticas donde el orden no altera el producto. Una letra, una coma o una palabra pueden cambiar el sentido de una frase, de un nombre, de una historia…

    Ya en el mismo hospital, cuando dí a luz, supe que esto de llamar Gabriel a mi hijo va a fomentar mi paciencia, no es plan de ir riñendo al personal cuando no pronuncien bien el nombre del crío. Una de las enfermeras ya me dijo directamente que era un nombre muy difícil y, ante la imposibilidad de vocalizar bien, optó por llamar Miguel a mi churumbel. Así, sin más, cambió Arcángel por Arcángel. Lo cierto es que la pobre era bien cariñosa y a mí lo de que le transformase el nombre me hizo hasta gracia, no os voy a engañar. ¿Algún otro nombre que cause problemas? Mal de muchos….

  • El lenguaje de los peques

    Este es uno de esos posts que disfruto especialmente al escribirlo, es más, es posible que me entre algún ataque de risa y maridín ponga cara de incredulidad desde el sofá. Hace justo un año os contaba cómo era de divertida la jerga de mi hijo Alfonso, cuando por entonces no tenía todavía dos años y medio. La verdad es que al leerlo ahora, 12 meses después, me doy cuenta de la cantidad de cosas que había olvidado, ¡ya no me acordaba de su vena afrancesada!

    Un niño de dos años conoce entre 20 y 200 palabras, mientras que a los tres años ya sabe 1000 vocablos, son verdaderas esponjas. En este momento, ya no nos llama la atención cómo dice las palabras Alfonso, porque le entendemos perfectamente, sino la manera en que cuenta las cosas o la confusión que tiene con el significado de algunos términos. En el punto en el que está, no hay un solo día que no me haga reír con alguna ocurrencia porque además es de los que no calla y ya se sabe, a más conversación, más posibilidades de risas.

    Cuando un niño es charlatán, lo sabes desde que es pequeño, no hace falta que sepa mucho vocabulario. Véase a mi hijo Alfonso con 21 meses, no he podido resistirme a colgar este vídeo en el que habla algo parecido al chino.

    No me preguntéis porqué pero a las profesoras del comedor del colegio las llama “comedoras”, y eso que sabe sus nombres. Mis pantalones tipo cuero son pantalones “malotes”, la primera vez que lo escuché casi me caigo de la silla. Se sabe los nombres y apellidos de todos los niños de su clase pero, no sé porqué, el de Valentina no le sale, y la pobre niña es Calentina; lo sé, esto tiene que corregirlo pronto.

    Tiene momentos de auténtica lucidez, aún me acuerdo que un día le pedí que me ayudara a recoger los juguetes y el tío va y me dice: “Ya sabes recoger tu sola”. Y se quedó tan ancho. Otro día, a la salida del colegio le pregunté, como siempre, qué tal el día, qué había comido, qué habían hecho… El caso es que no estaba muy hablador y en mi empeño por ser buena madre y dialogar, empecé a preguntar si habían estado ese día en clase Pepito, Menganita, Paquito… hasta que después de decir un nombre me grita:

    -¡Qué no, qué no, qué no! –

    -¿No fue Jaimito?- insisto yo.

    – Que no me hagas tantas preguntas- me dice. Y continuamos nuestro camino al parque en silencio. Claro, ellos también tienen días en los que no tienen ganas de contarlo todo o sencillamente se ven abrumados ante padres plomizos 😉

    Este es uno de esos vídeos que dieron la vuelta al mundo. Dos gemelos hablando un idioma propio que ellos parecen entender a la perfección.

    El otro día, paseando por la calle, Alfonso me señaló un paso de peatones en el que una de las líneas estaba ya despintada y me dijo que a ese paso le faltaba un peatón. Me partía de la risa. En general, habla muy bien y se le entiende todo lo que dice pero donde mayor confusión tiene, y eso creo que les pasa a casi todos a esa edad, es con los tiempos verbales: ponió, he hicido, dijir…

    En fin, creo que el tema de las ocurrencias aún dará para más posts y va a durar unos años más ya que lo del vocabulario lo tiene prácticamente dominado. Mientras tanto, Rafa, con 17 meses, está empezando y dice ocho palabras: papá, mamá, ¡¡¡bien!!!, agua, hola y, no sé porqué, tres, siete y diecisiete, igual debería incluir estos número en el Euromillón 😉 Eso sí, también tiene sus conversaciones indescifrables pero es mucho más tímido que su hermano. Y vuestros peques, ¿cómo avanzan con su lenguaje?

    Por cierto, os dejo este vídeo que han hecho unos amigos para los peques que estén aprendiendo el abecedario, ya sabéis que con canciones siempre aprenden mejor las cosas. A ver si a vuestros peques les gusta.

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