Durante el embarazo de Alfonso, tenía muy claro que quería darle el pecho al bebé. Fui a los cursos de preparación al parto y allí hablaron de la lactancia materna; supuse que con aquellas clases tenía información suficiente ya que creía que, tratándose de algo natural, sería sencillo. Ilusa de mí. A día de hoy, conozco a muchas más mujeres que han tenido problemas para amamantar que las que han podido criar a sus niños sin ninguna dificultad.
En cualquier caso, ya en el mismo hospital, le dí al peque biberones a la vez que le ponía al pecho. Sé que dicen que con el calostro es suficiente para los primeros días del bebé pero yo sentía que el peque pasaba hambre y lo hice puntualmente pensando en que no necesitaría más bibes cuando me subiese la leche. Y subió, pero coincidiendo con el inicio de unos dolores insoportables por culpa de la episiotomía. Y además, también empezaba a dolerme el amamantar. La matrona me dijo, tras vernos al niño y a mí, que estaba todo bien. De todas formas, mi única obsesión era que se acabase el dolor de los puntos del parto; no veía más allá. Y cuando se terminó, ya no tenía ganas de más tormentos, así que opté por la lactancia mixta, que cada vez era más artificial que materna porque tener al niño al pecho me dolía mucho.
Con Rafa opté ya por la fórmula de la lactancia mixta pero, más de lo mismo, con más bibes y menos pecho. Y abandonando a los tres meses. No me sentí mal en ninguno de los dos casos, soy de las que pienso que, cuando no se puede, no hay que amargarse. Y que no compensa que una madre esté sufriendo innecesariamente. No sé dónde o a quién le oí una vez que «vale más dar bibe con amor que teta con dolor».

Durante este último embarazo, le di vueltas al tema. No por culpabilidad, ni mucho menos, sino porque quería volver a intentarlo a ver si a la tercera iba la vencida. Tanto a Alfonso como a Rafa no les di el pecho hasta varias horas después de nacer así que pensé que, si lo hacía inmediatamente después del parto, la cosa sería más fácil. Tampoco supe de la existencia de pezoneras en aquellos momentos así que ya tenía otro factor a mi favor en caso de que me doliese.
Dicho y hecho. Pude amamantar a Gabriel poco después de que naciese. Ya al día siguiente empecé a sentir dolor y me trajeron pezoneras pero nada, aquello seguía igual. En esta ocasión, pedí ayuda a una matrona, experta en lactancia, en el mismo hospital. Estuvimos probando, cual vaquita lechera, distintas posiciones para dar el pecho, con pezoneras, sin ellas… El pediatra también comprobó que el frenillo de Gabriel estuviera bien. Así que, después de todo, la matrona me dijo que podía tener algo que ver una bacteria y que en el Centro de Salud me podían hacer un exudado para comprobarlo.

Diez días después, en los que obviamente le daba bibes al peque porque no soportaba más de 5 minutos con el niño al pecho, tuve una revisión con las matronas del Centro de Salud, a las que no puedo estar más que agradecida por cómo nos tratan y su disponibilidad en cualquier momento. Tras verme amamantar y comprobar que todo estaba bien (agarre del bebé, nada de grietas, etc…) me cogieron muestras de leche y diez días después teníamos los resultados. Efectivamente, era cosa de bacterias.
Si la concentración bacteriana rebasa los límites biológicos, la presión que ejerce la leche sobre los conductos es mayor. A esto se le llama mastitis subaguda. El hecho de que no se suelan acompañar de enrojecimiento ni de otros síntomas, como la fiebre, confunde frecuentemente el diagnóstico y provoca que se trate de un problema tan infravalorado como infradiagnosticado.
Así que me recetaron antibiótico, con lo que enseguida noté mejoría, pero leve. Es más, como el dolor no se iba del todo, dos semanas después me cambiaron a otro más fuerte pero ya no noté más alivio. A día de hoy, hay tomas en las que me duele un poco y otras en las que me molesta bastante. En cualquier caso, sí que estoy dando más cantidad de leche materna a Gabriel que a Alfonso y Rafa, pero no he conseguido una lactancia materna exclusiva. Tampoco es fácil siendo el tercero y teniendo que atenderles a todos.
Pues ésta es mi experiencia con la lactancia, no he conseguido ninguna de las tres veces que fuera exitosa, y ésta tercera vez lo he intentado más que ninguna. Que conste, y aclaro, que lo hago exclusivamente por las defensas que transmito al niño, ya que sus hermanos vienen de cole y guardería y el pobre es carne de cañón. Para nada es una cuestión, en mi caso, de conexión con el peque. Escucho en algunas ocasiones que la lactancia crea un vínculo especial entre madre e hijo que yo no siento ni he sentido. Con el simple hecho de tenerlos entre mis brazos, ya creo ese nexo y experimento una sensación inigualable.
A veces leo, oigo… que siempre es posible amamantar y luego, la realidad que vivo y que veo a mi alrededor, es muy distinta. Espero que este post os sirva. ¿Cómo fue vuestra experiencia con la lactancia?, ¿os sonaba este tipo de mastitis?


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