No escribo este post pensando en las que me leéis habitualmente, aunque sé que lo haréis muchas también. Hoy hace un año que mi hija murió dentro de mí. Un año de duelo que he compartido por aquí. Hoy quiero y siento que debo escribir algo por las centenares de mujeres que me habéis escrito estos últimos 12 meses al haber vivido la misma o parecida situación. Unas lo vivisteis antes, otras después, algunas la semana pasada. Así que, en parte, escribo porque siento que todas vosotras, las que lo habéis vivido, necesitáis saber que lo que sentís es normal y que, aunque no se olvida, me gustaría deciros que del túnel se sale. Nunca vuelves a ser la misma pero se vuelve a vivir.
Ha pasado un año desde que se me rompió el corazón. Nunca antes había sentido esa sensación de vacío y dolor desgarrador. Nunca. El tiempo ha ido haciendo su trabajo estos meses y de un dolor que no me dejaba respirar he pasado a un dolor que me deja vivir, que me deja reír y que me ha permitido seguir disfrutando de las cosas bonitas que han ido pasando. Nada va a hacer que olvide lo que sucedió, y aunque mis sentimientos hayan cambiado desde entonces, tampoco quiero olvidar a Carmen.
No me arrepiento de haber hecho público mi dolor, no me arrepiento por muchas cosas. Primero, porque sin pretenderlo, visibilizamos una realidad como es la muerte perinatal, que ocurre en uno de cada 250 embarazos. Segundo, porque conseguimos, sin pretenderlo, cambiar los protocolos en algunos hospitales. Tercero, porque conseguimos, sin pretenderlo, que algunos sanitarios tomasen conciencia de que ese momento de nuestras vidas nos deja marcadas para siempre. Recibir mensajes de agradecimiento de matronas y médicos por hacerles ver lo que se siente en ese momento, alivia. Alivia saber que has podido cambiar algo al contarlo públicamente.

Alivia y ayuda leer cosas así (testimonios reales):
“Viví el embarazo de tu pequeña desde el principio y lloré junto a ti, en la sombra, su pérdida. Por aquel entonces yo estaba embarazada de mi segundo y sólo pensar en tu dolor, me hacía estremecerme y pensar en la suerte que tenía con mis hijos. El 13 de enero nació mi hijo, en la semana 39, y una hora y media después falleció. Fue entonces y solo entonces cuando entendí el grado de tu dolor. Créeme cuando te digo que menos mal que me crucé contigo antes de de que todo esto pasara porque, sin saberlo, me fui preparando para lo que vendría después. Qué suerte que eligieses ser fuerte y yo te escogiera como persona de referencia. Menos mal que contaste tu experiencia y pude aferrarme a la idea de que saldría de esto. Y menos mal que compartes tu alegría con nosotras porque das luz a todos aquellos que la necesitamos tanto en estos momento. (…)
“Nuestras historias, las historias de nuestros bebés mariposa deberían de darse a conocer más a menudo y servir de apoyo a otras familias. De nuevo gracias por tu testimonio, ahora tenemos un ángel en el cielo que nos cuida y guía, y que, en algún momento de nuestra vida, cuando nos encontremos de nuevo, le cuidaremos lo que no le pudimos cuidar aquí en la tierra”
«Quiero felicitarte por la forma en cómo lo estás llevando. Dentro de la desgracia, me produce mucha ternura cómo hablas de tu hija y cómo le has dado el lugar que se merece. Gracias a tus escritos, tu hija tiene un lugar en el mundo y no solo para ti. También yo siento que tu hija está presente y estoy segura que muchas de las personas que te siguen lo sienten igual que yo. Sin duda le has dado voz, la has hecho visible para todos y cada uno de nosotros y le estás dando el reconocimiento que ella merece”
“Soy X, una matrona que te sigue desde hace tiempo y a la que le gustaría darte las gracias. Desde hace unos años, colaboro con un grupo de duelo a la pérdida perinatal….Quiero que sepas que eres un apoyo para ellas, que ven que se puede hablar de su bebé estrella sin tabúes, que es un miembro más de la familia y que pase el tiempo que pase su recuerdo perdurará”
“Carmen, todo mi cariño, toda mi admiración, todo mi respeto… tu duelo y el mío por desgracia lo viven muchísimas mujeres que además no se atreven a compartirlo por temor al que dirán. Porque tristemente sigue siendo un tabú en nuestra sociedad. Gracias por tu generosidad compartiendo tu historia. Por eso he querido compartir contigo un poquito de la mía. No estás sola. Somos muchas”.
“Dicen que nuestros hijos son los que nos eligen (…) y no puedo más que pensar en que tu pequeña te eligió a ti porque sabía que tú darías a conocer todo lo que te enseñó en tan poquito tiempo. Que tú nos enseñarías a nosotros a valorar tanto el ahora…Volverá a elegirte cuando esté preparada, tarde o temprano lo hará, volverá a ti. Admiro tu valentía aunque estoy segura que hubieras preferido ser cobarde pero con ella en brazos”.
Honestamente, me gustaría tener a Carmen gateando por casa.
Honestamente, me gustaría no tener una habitación pintada de rosa vacía en casa.
Honestamente, me gustaría no tener en una caja guardadas unas toallas y algo de ropa que me habían regalado para ella.
Honestamente, me gustaría que el recuerdo de mi último parto no fuera en el más absoluto silencio, me gustaría no saber lo que es un postparto sin bebé, me gustaría no saber lo que es parir y salir con los brazos vacíos del hospital. Me gustaría no haber conocido esta realidad tan dura.
Honestamente, me gustaría no haber tenido que aprender de esta manera.
Honestamente, me sigue doliendo. De otra forma, pero sigue ahí.
Honestamente, no quiero olvidarla. Tampoco podría.
Deja una respuesta