Tener hijos te hace mayor, da igual que los tengas a los veintitantos que a los cuarenta. Y es que no me refiero a que los niños te hagan parecer mayor físicamente porque los años pasan para todos, tengas críos o no los tengas. Me refiero más bien al hecho de que te hacen llevar una vida completamente distinta a la que llevabas antes. Y eso te hace sentir mayor pero, si lo preferís, diré que los críos te hacen madurar.
La verdad es que dicho así no suena muy bien pero voy a ser más gráfica porque es posible que os hayáis sentido así en alguna ocasión. Este fin de semana estuve en Pamplona porque se licenciaba mi cuñado, precisamente en Comunicación. Este hecho no tendría nada de especial para mí (aunque estoy muy orgullosa de Edu) si no fuera porque hace nueve años viví la misma situación, en el mismo lugar.
No había vuelto a la Facultad desde entonces, así que os podéis imaginar lo rara que me sentí entre recién licenciados que sólo pensaban en la cena y en la fiesta de esa noche. Pues allí estaba yo nueve años después jugando con mi hijo Alfonso en aquellos bancos en los que nos sentábamos entre clase y clase, cuando aún se podía fumar en todos lados. Una época en la que todas mis preocupaciones pasaban por aprobar exámenes, sacarme un dinero para pagarme el alquiler del piso e ir a las fiestas universitarias que mis ahorros me permitían.
También hubo reencuentros; allí estaban profesores, ex compañeros de clase y amigas que acabaron trabajando en la Facultad. Charlamos y también me hablaron de sus hijos. Entonces pensé: coño Carmen, ¡qué rápido ha pasado el tiempo! Me di cuenta de que muchos de los sueños que tenía en aquella época universitaria se habían cumplido, como trabajar en televisión.
Sin embargo, no me sentí extraña con dos niños en aquel lugar, ni en ningún otro sitio, porque si algo he tenido claro toda mi vida es que quería tener hijos. Algún día hablaré sobre esto, pero ya os digo que no soy de las mujeres a las que de repente se les despierta el reloj biológico. Soy, como dice una compañera, mamá desde que nací. Da igual el sitio al que regrese, porque siempre me imaginé con ellos. Pero no puedo negar que me hacen sentir mayor, por pocas arrugas que tenga.


