Siempre he sabido que una de las cosas que te marca como persona, sobre todo en la infancia, es el tener o no tener hermanos. Tu niñez, tu adolescencia y, posiblemente, tu vida no hubiera sido la misma dependiendo de esa circunstancia. No es lo mismo tener hermanos que no tenerlos, tener uno o tener cinco, tener sólo hermanas o sólo hermanos; no es igual ser el mayor, el pequeño o el mediano, tener un gemelo o mellizo, llevarte diez años con tu hermano o llevarte sólo uno.

El que yo, aparte de muñecas, jugase con el Scalextric o al balón o fuese un poco bruta, tiene mucho que ver con tener sólo hermanos varones. El que yo siempre haya sido un poco «mandona» y bastante responsable tiene que ver con ser la mayor de los cuatro. Si eres el hermano pequeño y tus hermanos mayores te sacan un montón de años, es posible que te tengan entre algodones. Si tienes varios hermanos, lo más normal es que tu madre gritase habitualmente. Vamos, desde que Alfonso está de vacaciones y están lo dos juntos en casa, tengo las cuerdas vocales más afinadas que nunca. Y cuando entre el tercero en juego, no quiero ni imaginármelo.

Desde que soy madre me he dado cuenta de la increíble influencia que ejerce un hermano sobre otro en muchos de sus comportamientos. Rafa es protestón porque sabe que la táctica le funciona para conseguir cosas; porque, por ahora, es el pequeño y tiene claro que al mayor le toca ceder. Alfonso se ha percatado de lo gracioso que nos resulta Rafa con su forma de «hablar» y hay días en que también él llama al abuelo «abebe», la zapatilla es «patilla» y la galleta es «lleta». Así que, a veces, se comporta como un bebé, algo que no haría sino tuviese un hermano pequeño.
Nos es lo mismo comer el helado sólo que te lo dé tu hermano. No es lo mismo tener que compartir que comértelo entero 😉Si sólo existiese Alfonso, yo tendría mucho más tiempo para él y podríamos hacer un montón de juegos de manualidades que con Rafa es materialmente imposible, todo lo coge. Si fuera hijo único, haríamos cosas y planes que, como existe Rafa, no podemos hacer. Y sin embargo, hay muchas otras cosas que puede hacer precisamente porque existe Rafa. Y si en vez de llevarse 2 años se llevasen 10, el mayor podría cuidar del pequeño y no discutirían por absolutamente todo. Porque ahora se pasan el día queriendo la misma cosa; que uno tiene balón, el otro quiere balón, pero no puede ser otro, tiene que ser el mismo. Y claro, esa lucha constante de poder marca de por vida 😉

Soy plenamente consciente de que, cuando estén los tres, voy a gritar con más frecuencia, voy a quitarle importancia a determinadas cosas, voy a vivir unos años con un estrés permanente, no voy a poder estar pendiente de cada cosa que les pase a cada uno… y todo eso, forjará su carácter para bien y para mal. Lo único que quiero que tengan claro es que, aunque me altere, aunque no pueda estar tan pendiente de ellos, les voy a querer con locura, independientemente de que tuviese un hijo o cinco. ¿De qué manera os han marcado vuestros hermanos?, ¿notáis la influencia que ejerce un hijo sobre otro?










