Etiqueta: redes sociales

  • Una reflexión sobre la tecnología y los niños

    Una reflexión sobre la tecnología y los niños

    Estoy un poco confusa con respecto al uso de la tecnología en los niños, y ya es lo que me faltaba, que para una cosa que tenía medianamente clara… El otro día en Stories os contaba que había ido a una charla sobre la transformación digital y lo que escuché me descolocó. He sido y soy muy reticente a que los niños hagan uso de pantallas digitales, en parte porque creo que su utilización debe estar muy vigilada y también porque creo que es primordial que aprendan a divertirse sin una maquinita de por medio. Pero como os decía, la charla de José Luis Orihuela (profesor, escritor y conferenciante, entre otras cosas) me desconcertó un poco y, de alguna manera, me ha hecho replantearme las cosas. Esto de educar niños es realmente agotador. Ya lo dijo este buen señor en la charla: el problema no es la falta de información, nunca ha habido tanta información. El problema es el déficit de filtrado. Y qué razón.

    El abuelo enseñando vídeos del Sistema Solar

    Ya no puedo pensar en los móviles y tablets como si fueran el demonio para ellos. Porque básicamente era un poco la visión que tenía de ellos. Solo me faltaba ponerle una pequeña descarga eléctrica si el dispositivo era tocado por un menor 😉 Pero claro, luego te dice este hombre que esto es un proceso irreversible, que nuestros niños van a estudiar, a comprar y a vivir siempre de esta forma, y razón no le falta. Porque resulta que mi primer contacto con un ordenador fue a los 15 o 16 años. Había una sala de informática en el cole con esos ordenadores mega grandes en los que te pasabas media clase para encender el ordenador y la otra media, yo la pasaba en una web infumable de Julen Guerrero en la que las imágenes iban de arriba a abajo sin fin. Y oye, que Julen ya era todo un moderno teniendo su propia web. Y ya ni os cuento de la primera compra online, pues hablo tranquilamente de que tendría unos 25 años cuando me lancé… Y resulta que antes, cada vez que teníamos una duda que resolver, íbamos a preguntar a nuestros padres, a una enciclopedia o diccionario (no había casa sin tales libros) o te tenías que ir a la biblioteca municipal.

    Y luego tu hijo, que apenas tiene contacto con la tecnología porque se lo tienes prohibido, viene y en dos minutos ya sabe cómo encender tu móvil y entrar en cualquier aplicación que le permita escribir o dibujar. ¡Y eso los míos! que no tenemos ni tablet ni ná en casa, que ya casi ni encendemos la tele 😉 Ya no quiero ni imaginar aquellos que acceden fácilmente a ello. Pero objetivamente sabes a ciencia cierta que algún día será inevitable, que es como si decides que, como la electricidad antes no existía y se vivía bien, en casa se usan velas o brasero. Ay, ¡cómo me cuesta reconocer que la tecnología ha simplificado nuestras vidas! Y no sé porqué a la vez soy tan reticente a que ellos la usen. Supongo que, como en todo, en el término medio está la virtud. Pero la realidad es que van a vivir hiperconectados, siempre conectados y hay algo en esta idea que me asusta. Que haya cambiado tanto el modo en que nos relacionamos, que nos hayamos criado y que hayamos aprendido de forma tan distinta a como lo van a hacer nuestros hijos da un poco de pánico. Lo bueno es que José Luis Orihuela, siendo muy fan de la tecnología y la era digital, me dejó clara una cosa: nada de redes sociales antes de los 14 años. Porque objetivamente, sabemos cómo va el tema de las redes sociales y hay que usarlas con criterio, y de eso, a ciertas edades, no se tiene. ¿Qué opináis?

  • Maternidad, redes sociales y respeto

    Maternidad, redes sociales y respeto

    No hay día que no haya polémica en las redes sociales; con lo que a mí me gustan para debatir, indagar, contar experiencias, preguntar o sencillamente, entretenerme… Oye, que el viernes pasado colgué una foto de un biberón que a Gabriel le ha encantado y mientras algunas mamis se interesaban por el tamaño de la tetina por el tema de los cereales, alguien hizo un comentario poco afortunado incluyendo la frase «cebar a vuestros hijos» por darles ese alimento a nuestros churumbeles. Sin saber ni qué tipo de cereales ni si era una recomendación del pediatra, sin saber nada. Más allá de si tiene o no razón, que es absurdo al ser la dieta un cómputo de hábitos alimenticios, el comentario resultó un poco molesto por la connotación de la palabra cebar.

    Yo no acostumbro a ir por la calle y decirle nada a ninguna madre que esté dando galletas o gusanitos a sus hijos. Uno, porque no me incumbe y dos, porque no sé la razón por la que se los da, no sé lo que han comido el resto del día, no sé nada de esa familia. Es probable que ni me fije en lo que meriendan el resto de niños. Una cosa es que vea a una amiga que da gominolas a los niños a diario y ni un trozo de fruta y, como amiga y por tener confianza, le puedo comentar de forma cariñosa que pruebe a darles otra cosa para merendar pero a alguien que veo de vez en cuando en el parque, ni se me ocurre. Conste que la chica en Instagram luego se disculpó y por mi parte, no hay más historia. No es la primera que me ocurre; esto pasa mucho en las redes e Internet.

    collagepechobibe

    De hecho, en vivo y en directo sólo he tenido un percance sobre la crianza de mis hijos. Hace tres años, viví una situación de ésas que te dejan sin palabras. Una no espera que, entablando una conversación con una conocida, intervenga una completa extraña para meterse contigo y con tu interlocutora. Rafa era un bebé de unos cinco meses y yo hablaba en una tienda de electrodomésticos con la señora que la regenta, donde por cierto iba a comprar una batidora. Como es lógico, al ser conocida, nuestro tema de conversación era el peque. Cuando empezamos a charlar sobre la lactancia, entró una señora de unos 70 años en el establecimiento. La dependienta, al contarle que ya sólo le daba biberón porque me había dolido mucho dar el pecho (tampoco entonces habían dado con mi problema), ella me contó que le tuvieron que operar por una mastitis.

    En ese momento, la completa desconocida nos espetó: «No valéis para nada, yo le di el pecho a mi hijo hasta los 18 meses sin problema». Ojito, que la frase es literal, sin adornos. Nos quedamos tan bloqueadas que no supimos qué decir. Y me imagino que, como nosotras, cualquiera se hubiese quedado con cara de póquer. Como comprenderéis, me trae sin cuidado lo que opine la gente que no conozco, lo que no me gusta es la mala educación.. Con esta historia, reflexiono y me doy cuenta de ésto que me ocurrió a mí, que tan raro y tan mal nos parece, es algo que se hace de continuo en redes sociales e Internet y se acepta con normalidad.

    beckham

    ¿Qué demonios nos hace pensar que podemos decir a alguien lo que nos parece bien o mal sobre la crianza de sus hijos?, ¿por qué entonces la gente se lanzó a la yugular de Beckham cuando su hija de 4 años apareció con chupete?, ¿por qué Coco Rocha tuvo que dar explicaciones sobre el hecho de que su bebé tomara leche de fórmula? Tengo la sensación de que en Internet y en las redes la gente dice todo lo que le apetece, todo aquello que jamás se atrevería a decir a la cara porque obviamente, no le incumbe y no se atreve. En esto de la maternidad, uno puede contar su experiencia, lo bien o mal que le ha ido con un producto, con un alimento, con lo que quiera, pero ojo con cuestionar cómo cría cada madre a su hijo. La última lapidación en Internet la ha sufrido Charlize Theron, a la que un medio calificó de mamá monstruo y en las redes sociales, la gente se encargó del resto.

    charlize2

    Perdonad, a mí la reacción de una madre forcejeando con un niño me parece lo normal cuando tu hijo tiene una rabieta al lado de la carretera. ¿Será mejor dejarlo que se vaya corriendo y que le atropellen? En fin, que como no sabemos las circunstancias de cada familia, lo mejor es ser discretos. Detrás de cada biberón, de cada lactancia, de cada cereal o galleta, hay una madre que se ha informado, que también habrá tenido sus errores, que habrá llorado y que sólo busca tener un bebé feliz que se convierta en un adulto feliz. Nada más.

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