Mientras yo estaba ingresada en el hospital tras el nacimiento de Gabriel, en otro lugar de Gijón, Alfonso marcaba su primer gol con el equipo del cole. Yo, que siempre había ido a todos los partidos y que estaba en todos los entrenamientos, me perdí ese momento. Me alegré muchísimo, sobre todo cuando él me lo contó, por teléfono, con muchísima emoción. Pero aquel día comprendí que, inevitablemente, tendría que perderme algunas cosas y me dio pena. Gabriel ha cumplido dos meses y me he dado cuenta de que, ni puedo multiplicar el tiempo, ni dividirme y estar en varios sitios a la vez. Que conste que lo intento y casi, casi, lo consigo 😉
Así me ocurre muchas veces, que cuando llego a todo, lo hago muy justita. Y entonces, me vienen decenas de situaciones en las que alguno de mis hijos «sale perdiendo». Si una toma del peque toca justo antes de tener que salir de casa a recoger a los otros dos al cole y guardería, no me queda más remedio que darle un bibe rápidamente ya que con el pecho podemos eternizarnos y estar casi una hora. Así que el pobre Gabriel lleva un ritmo frenético. Me pasa algo parecido cuando Rafa tiene natación con la guardería; para que las profes no tengan que vestir a todos los niños, muchos padres, madres o abuelos vamos a ayudar. Así que más de una vez he tenido que darle un bibe a toda velocidad a Gabriel para salir de casa pronto por la mañana. Esto de que todavía no tenga horarios es lo que tiene, cero planificación.
El tema del fútbol también da para mucho. Cuando hay partido o entrenamiento de Alfonso, es decir, dos o tres días a la semana, con estas temperaturas yo no puedo sacar la pechera a airear; que igual algunas no tienen problema pero el frío y yo tenemos cualquier cosa menos un idilio y voy vestida que podría perfectamente pasar por esquimal. En cualquier caso, y a lo que voy con el ejemplo, es que todos, sin saberlo, sacrifican algo; y vamos los cuatro a todos lados aunque eso implique sacar a un bebé de casa con frío. Ya lo dije en otro post, intento que unos hermanos condicionen lo menos posible los ritmos y planes de los otros.
Y si en un partido yo tengo que estar pendiente de que Rafa no entre a molestar, comprenderéis que no me entero muy bien de las jugadas. Así que, si marca Alfonso, ya le veo directamente celebrándolo y del gol ni me «cosco». Nuevamente, me pierdo algo. Son cosas sin demasiada importancia pero no deja de ser cierto que, si tienes un solo hijo, puedes dedicarle más tiempo y, por supuesto, mayor atención.

Sé que me miran cuando aparezco en cualquier sitio con los tres y no os voy a negar que voy por la vida corriendo. No tendría por qué estar en todos sitios pero quiero estar. Ésa es la gran desventaja de tener varios hijos, que tengo que sacrificar unas cosas de unos por los otros. Lo noté algo con dos hijos; sin embargo, con tres niños, esta sensación se dispara. Pero ¿sabéis lo que me dijo Alfonso el otro día? «Mamá, tú eres muy buena porque haces muchas cosas por nosotros». Me quedé helada ya que no creí que él fuese consciente del ritmo que llevo por intentar estar en todas partes. En cualquier caso, los contras no superan los pros de todo lo que me aporta tener varios niños y, como ya os conté en otros posts, creo que ellos también ganan teniendo hermanos. ¿Habéis sentido alguna vez que no teníais tiempo suficiente para cada uno de vuestros hijos?
Por cierto, la ganadora del sorteo de un vinilo es Nakary González, ¡enhorabuena!