Etiqueta: hijos

  • Hermanos, ¿sí o no?

    Muchas mujeres tienen dudas sobre si tener o no más de un hijo. Yo, sin embargo, lo he tenido muy claro siempre. No es fácil tomar esa decisión, la economía familiar y la situación laboral influyen mucho a la hora de lanzarse. En mi caso, mi puesto de trabajo pendía de un hilo en la televisión cuando buscábamos el segundo hijo, y al final pasó lo que se intuía: terminó el programa y me quedé sin trabajo. Días después supe que estaba embarazada.

    Quizás fue algo arriesgado pero no me arrepiento. Lo bueno es que con el segundo hijo no tienes que hacer el desembolso tan grande que haces con el primero: ya tienes carrito, cambiador, cuna…  Y si a eso le sumas la puntería de que nazcan el mismo mes y sean del mismo sexo, pues ya no tienes que comprar ni ropa. Vamos, que Rafa sale baratito. En cualquier caso, tener más hijos supone más gastos, de eso no hay duda.

    hermanos

    ¿Quién es quién? Entre estas dos fotos han pasado dos años… Todo se aprovecha.

    El caso es que, como muchas cosas en la vida, querer es poder y creo que todo depende de las prioridades (aunque habrá situaciones en las que sea inviable). Yo prefiero renunciar a viajes, trapitos, tecnología y muchas otras cosas pero quiero que mis hijos vivan lo que yo viví: una infancia marcada por hermanos. Si no los tienes, quizás no eches en falta esa relación tan especial pero… si los tienes, no puedes prescindir de ellos.

    hermanos

    Con mi hermano Miguel; nos llevamos 13 meses, de ahí que pudiéramos enseguida hacer las mismas cosas.

    tener hermanos

    A pesar de nuestras caras de angelitos, nos dimos buenas tortas.

    hermanos relacion

    La llegada de los mellizos Alfonso y Juan debió animar mucho el cotarro.

    hermanosLocura total. No hay nada como esos momentos.   

    Ahora, como madre, me asombra ver cómo Alfonso protege a Rafa. Si regaño al enano, dentro de lo que es reñir a un bebé de un año, Alfonso me dice que soy mala y que le deje. Y si alguien quiere hacerle algo, va enseguida a defenderle, es una pasada. Sin embargo, no tiene ningún reparo en empujarle y decirme que me lleve a Rafa cuando le destruye algo que está montando. ¡Así es la relación entre hermanos! Tú no puedes hacerle nada a mi hermano pero yo puedo darle un tortazo si hace falta 😉

    tener varios hijos

    Aunque Alfonso era pequeño cuando nació Rafa, le recibió con los brazos abiertos.

    tener varios hijos

    Alfonso siempre se preocupa cuando oye llorar a Rafa.

    tener hermanos

    Una imagen vale más que mil palabras.

    Yo sé que habrá situaciones en las que sea imposible y cada caso es distinto pero, desde luego, merece la pena cualquier esfuerzo para que tu hijo tenga siempre uno o varios compañeros de vida. Para mí, es el mejor regalo que mis padres han podido hacerme. Sé que, sin hermanos, mi vida hubiera sido más cómoda, seguramente hubiera tenido ropa de marca y no hubiera tenido que ponerme a trabajar con 18 años mientras estudiaba, pero sinceramente no lo cambio por nada. Y vosotras, ¿os habéis animado a tener más de un hijo?, ¿cómo ha sido la infancia con vuestros hermanos? y si no los tenéis, ¿los echáis de menos?

  • Cuando llega el segundo hijo

    Hace unas semanas, a raíz del cumpleaños de Alfonso, os contaba cómo se transforma la vida al ser madre de tu primer hijo. Ayer celebramos que hace un año Rafa llegó a este mundo. Cuando nace el segundo retoño, las cosas cambian… pero no demasiado. Lo que ocurre, básicamente, es que la logística se “complica” con cada hijo que sumas, sobre todo cuando son seguidos.

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    Rafa llegó el 22/10/12 tras un parto veloz y sin epidural.

    De repente, te encuentras con dos tamaños distintos de pañales en el cambiador y cuando te das cuenta le estás poniendo al pequeño el pañal de la talla 5, el cual sirve para envolverle casi por completo… Y ya no os quiero ni contar ese momento en que le estoy dando el plátano a Alfonso y, sin querer, se lo meto al pobre Rafa en la boca cuando ni tiene dientes ni edad (tendría 3 meses por entonces) para comer tal alimento.

    Olvídate de un largo paseo con los dos, a no ser que tengas silla gemelar, lo cual no suele ocurrir porque ya te has gastado el dineral de turno en la primera silla. Así que los paseos largos te los reservas para cuando vas con tu marido o acompañante.

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    Empujar de casi 30 kilos de niños es mortal.

    El momento de los baños y las cenas es de locos. Hasta que el peque no tiene varios meses, se bañan por separado. Un miembro de la pareja (en nuestro caso, mi marido) se arrodilla en el suelo y el otro le pasa al primer niño ya desvestido. Cuando va a salir el primero, el segundo ya está también sin ropa. Coge a uno, mete al otro. Y además, en ese espacio de tiempo, has tenido que preparar la cena porque si no se ponen como fieras… Y cuando ya se bañan juntos, lo más probable es que tengas que acabar pasando la fregona.

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    Ahora me doy cuenta de que Alfonso aún era un bebé grande cuando nació Rafa.

    Esto, y mucho más en lo que a los padres se refiere pero, ¿qué pasa con los segundos? El segundo hijo es ese pobres niño olvidado (¡madre mía, no me quiero imaginar el día que tengamos el tercero!) al que enseguida pasas a su propia habitación y al que ya no acunas para que se duerma, aprende a hacerlo sólo.

    El segundo es aquel niño cuyo álbum de fotos está plagado de imágenes de su hermano. Es el que tiene que sufrir las “caricias salvajes” del mayor. Por supuesto, si son del mismo sexo, el segundo hijo no estrena ropa, ¡y ya ni os cuento si nacieron el mismo mes! Además, el segundo nunca decide a qué se juega ni cuándo ni dónde.

    SAM_8681Estos son los «abrazos» de Alfonso a Rafa, casi al borde de la asfixia.

    SAM_7726El que ordena y manda, siempre el mayor.

    Pero ser el segundo también tiene algunas cosas buenas. Tienes a alguien que esté dispuesto a montar un show en cualquier momento para que te rías a carcajadas. Y por supuesto, ya puedes hacer una gamberrada de las gordas porque el mayor siempre va a tener la culpa.

    Si el mayor baila, el pequeño hace lo mismo.

    Cuando tienes varios niños, no te queda más remedio que dividir tu tiempo… pero lo más increíble es que el amor se multiplica. Con tu primer hijo crees que nunca podrás querer a nadie de semejante manera…hasta que llega el segundo. Ahí te das cuenta de que el amor no tiene límites.

    Y como siempre, la celebración del primer cumpleaños es una fiesta para todos, menos para el protagonista, que no se entera de nada y que, si tiene un hermano mayor, los juguetes ni los «huele».

    hermanos seguidosEsta vez celebramos el cumple entre semana porque el próximo fin de semana tenemos evento.

    primer cumpleañosY una vez más, lo celebramos en familia.

    Alfonso adueñándose de los juguetes de Rafa.

    SAM_8802Por cierto, la próxima semana pondré la receta de la tarta de galletas que siempre hago, porque es el único postre que sé hacer 😉

  • De aniversario de boda

    Hace ya cuatro años que me casé. La verdad es que no sé si son los niños o la edad, pero el tiempo me pasa que ni me entero. Y como sea la edad, me pongo a temblar porque entonces desde los cincuenta hasta los setenta años, si llego, me van a pasar en un suspiro. Y si lo que hace que el tiempo pase tan rápido son los críos, ¿alguien podría decirme cuando dejan de ser niños los varones? 😉

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    Bromas aparte, os estaréis preguntando a qué viene recordar que me casé un 12 de septiembre de 2009. En un post antiguo, y no recuerdo cuál, os decía que soy de esas mujeres que ha tenido claro toda la vida que quería ser madre, sí o sí. Eso significa que, cuando buscas a tu media naranja, lo haces pensando en que sea el padre de tus futuros hijos.

    No vayáis a creer que en una primera cita le pregunté a algún chico eso de ¿te gustan los niños? Porque lo más seguro es que no hubiera habido una segunda cita. Puede que el susodicho quiera tener hijos algún día, pero hacerle esa pregunta es como decirle si quiere ser tu banco de esperma. Y no es plan de hacerle sentir eso al chaval.

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    A lo que voy es a que, dada mi naturaleza maternal pronunciada, instintivamente me fijaba en si el varón en cuestión buscaba lo mismo que yo. Para que me entendáis basta con deciros que durante muchos años salí con un chico que estudiaba Medicina para ser pediatra. Así que imaginaros hasta qué punto es importante para mí el que mi pareja tenga pasión por los niños. No nos engañemos, todas conocemos parejas que acaban teniendo un niño porque al otro le hace ilusión. Es entonces cuando los hijos se pueden convertir en un problema.

    Desde luego tuve suerte en ese sentido porque encontré al hombre perfecto: adora a sus hijos. Y además la combinación de genes está resultando muy buena ;-). En fin, que me alegro de haberle conocido y de haberme casado con él. Espero poder decir esto dentro de muchos años.

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  • Regreso al pasado

    Tener hijos te hace mayor, da igual que los tengas a los veintitantos que a los cuarenta. Y es que no me refiero a que los niños te hagan parecer mayor físicamente porque los años pasan para todos, tengas críos o no los tengas. Me refiero más bien al hecho de que te hacen llevar una vida completamente distinta a la que llevabas antes. Y eso te hace sentir mayor pero, si lo preferís, diré que los críos te hacen madurar.

    La verdad es que dicho así no suena muy bien pero voy a ser más gráfica porque es posible que os hayáis sentido así en alguna ocasión. Este fin de semana estuve en Pamplona porque se licenciaba mi cuñado, precisamente en Comunicación. Este hecho no tendría nada de especial para mí (aunque estoy muy orgullosa de Edu) si no fuera porque hace nueve años viví la misma situación, en el mismo lugar.

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    No había vuelto a la Facultad desde entonces, así que os podéis imaginar lo rara que me sentí entre recién licenciados que sólo pensaban en la cena y en la fiesta de esa noche. Pues allí estaba yo nueve años después jugando con mi hijo Alfonso en aquellos bancos en los que nos sentábamos entre clase y clase, cuando aún se podía fumar en todos lados. Una época en la que todas mis preocupaciones pasaban por aprobar exámenes, sacarme un dinero para pagarme el alquiler del piso e ir a las fiestas universitarias que mis ahorros me permitían.

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    También hubo reencuentros; allí estaban profesores, ex compañeros de clase y amigas que acabaron trabajando en la Facultad. Charlamos y también me hablaron de sus hijos. Entonces pensé: coño Carmen, ¡qué rápido ha pasado el tiempo! Me di cuenta de que muchos de los sueños que tenía en aquella época universitaria se habían cumplido, como trabajar en televisión.

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    Sin embargo, no me sentí extraña con dos niños en aquel lugar, ni en ningún otro sitio, porque si algo he tenido claro toda mi vida es que quería tener hijos. Algún día hablaré sobre esto, pero ya os digo que no soy de las mujeres a las que de repente se les despierta el reloj biológico. Soy, como dice una compañera, mamá desde que nací. Da igual el sitio al que regrese, porque siempre me imaginé con ellos. Pero no puedo negar que me hacen sentir mayor, por pocas arrugas que tenga.

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