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  • La lactancia, ¿estropea el pecho?

    Si hubiera tenido un sólo hijo, es decir, a mi primero, seguramente pensaría que la escasa lactancia que pude darle dejó rastro en mis ubres. Tengo la suerte de quedarme sin panza tras los embarazos y no me salen estrías pero, guapinas, una no puede librarse de todo y noté cierto empeoramiento en la delantera. Que conste que, de lo que puede ir a peor con esto de la maternidad, es la pechera lo que menos me importa porque no voy enseñando el asunto por ahí. Pero vuelvo al tema que ya sabéis que me pierdo con facilidad.

    Dicho esto, tras tres embarazos y tres lactancias mixtas, he llegado a la conclusión de que la lactancia no estropea el pecho. Y ahora algunas preguntaréis: ¿y cómo demonios has llegado a semejante deducción? Vamos por partes, primero datos y luego análisis. En mi primer embarazo engordé la friolera e innecesaria cifra de 18 kilos. Y digo innecesaria porque ni estaba hinchada ni tenía una gran tripa; objetivamente, me puse tibia con la comida. Al churumbel nacido de ese embarazo, es decir, al mayor, le di lactancia mixta durante tres meses aunque los bibes eran más frecuentes que las tomas de pecho.

    Vamos con los datos de la segunda maternidad: 9 kilos cogidos en el embarazo y poco más de dos meses de lactancia mixta en la que ocurrió lo mismo que con el primero, poca leche materna y mucho biberón. Y por último, un tercer embarazo en el que nuevamente engordé 9 kilos y, por fin, una lactancia mixta más abundante (más tomas) y prolongada (5 meses) que las anteriores. Esto último gracias a mis matronas y a mi aguante, que es bastante aunque, como todo, podría ser mayor. Pero no, no soy de las que se rasgan las vestiduras en plan madre coraje, que no he venido yo a este mundo a sufrir de forma innecesaria. ¿Veis? ya me estoy yendo otra vez del asunto.

    Vamos ahora con el análisis que, obviamente, sólo puedo hacer yo. Tras el último destete, no ha habido empeoramiento con respecto al primero, es decir, mi delantera está ahora, tras la tercera lactancia, igual que tras la primera. Espero que algunos familiares no estén leyendo este post 😉 Eso hace que descarte la lactancia como causa de caída de senos. Pero, por esa regla de tres, también tendría que descartar los embarazos. Así que he dado con la clave en mi caso: el peso durante las gestaciones. El haberme excedido con el primero explica que sólo haya notado empeoramiento en la primera ocasión.

    De esto deduzco que los embarazos inciden mucho más en la caída del pecho que las lactancias (aunque no sabría deciros en el caso de las prolongadas). Que yo sé que la subida de la leche los primeros días es imponente y una piensa que no va a poder abrocharse nada que no parezca un burka pero luego la cosa se estabiliza y adquiere tintes de normalidad. Sin embargo, durante los embarazos, nos pasamos los 9 meses con unos pechos turgentes, con varias tallas más de lo habitual (lo cual es genial para las que andamos justitas y un engorro para las que van de sobra) que hacen que, tras el parto o el destete, aquello nos parezca trágico 😉

    Bueno, pues yo he llegado a esa conclusión y, además, muchas madres que no han dado el pecho sostienen que las ubres también han sufrido derrumbe, con lo que creo que no dar leche materna por cuestiones estéticas no tiene fundamento científico. ¿Qué opináis?, ¿embarazo, lactancia, genética, edad?, ¿cuál es vuestra experiencia?

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