Tengo una teoría y es que los niños y bebés tienen un punto bipolar, pasan del llanto a la risa y viceversa en cuestión de segundos. Ya os he contado más de una vez que Alfonso es un niño muy expresivo, todo lo vive apasionadamente, lo bueno y lo malo así que su bipolaridad es aún más palpable. Cuando en su vida se produce algún acontecimiento que para él es injusto, sufre intensamente. Ayer, cuando le recogí en el cole como todos los días, le pregunté si había comido sus galletas de dinosaurios en el recreo. Primer disgusto, maridín no había puesto su nombre al paquete de galletas por la mañana y claro, esas cosas son imperdonables.
Normalmente, el crío lleva manzana pero se me había olvidado reponer el día anterior así que ayer, después de contarme lo de las galletas de dinosaurios, le dije que ya había comprado fruta y que mañana llevaría su manzana. Segundo disgusto, se paró en seco con cara compungida y me dijo que a veces se la tiran al suelo. ¿Quién te la tira?, le pregunté. Su respuesta fue «los mayores». Me agaché para abrazarle y seguí preguntando.
Nuestro paseo del cole al parque da para mucha conversación.
Los mayores son los de 4 años, vamos, sólo un curso por encima de él. Le tiran la manzana y claro, cuando la coge está un poco sucia. En ese momento me enervo y me sale la vena mamá guerrera, como la loca de la película «La mano que mece la cuna» cuando va al cole de la niña 😉 Ayyy pero la maternidad me ha hecho de un razonable… Y aunque a mí me apetezca decirle al niño «coño Alfonso, espabila y mándales a la porra», le digo que avise a la profesora y que no se preocupe. ¡Anda que no se muerde una la lengua cuando tiene hijos!
En fin, pues no me habrán toreado a mí de pequeña, y lo que habré toreado yo a otros. Yo recuerdo que no pegué ojo una noche por quitarle a una profe un tajalápiz (sacapuntas), no os digo más. Cosas de niños, no le doy más importancia porque además en el cole se ve que el niño está feliz. Eso sí, le pregunto cada día para estar al tanto de lo que le gusta y de lo que le hace pasar mal rato, porque señores, el niño es muy sufrido. Tanto, que ayer se hizo un rasguño en el parque y del disgusto (y cansancio) se quedó dormido en mis rodillas. Y vuestros peques, ¿tienen sus «problemillas» en el cole?, ¿os lo cuentan como si el mundo fuera a acabarse?
Pues eso, que del parque el señorito volvió en la silla de su hermano y el pequeñajo andando. Y como veis, con el pañuelo en la mano porque estaba desangrándose 😉
