Etiqueta: comportamiento

  • Preadolescencia, ¿a los 5 años?

    Preadolescencia, ¿a los 5 años?

    Que dicen que la preadolescencia es una etapa que se da en torno a los 9 años (yo aún los veo muy lejanos en esta casa) y resulta que mi querido hijo mayor, de 5 tiernos años, lleva una temporadita de ésas que te recuerda a un imberbe a punto de salirle granos. No es que esté insoportable, ni mucho menos, pobrecillo. Digamos, más bien, que está un poco reivindicativo, o pelín cargante, como con ganas de follón y alboroto. Sí señoras, mi ejemplar vástago, ése que no tuvo una rabieta hasta los casi tres años, ahora atraviesa por una crisis de «voy a tocar las narices un poco». ¿Cómo? Venga, que es guay imitar a mami cuando dice algo o te pide que obedezcas… Ummmm, yo tengo que respirar hondo porque la tercera vez que repite lo que yo he dicho me apetece entregarlo en adopción 😉 Y ya para qué hablar de los besos, está en modo «no me agobies con tanto cariño».

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    Por supuesto, mola mucho recurrir al «caca, culo, pedo, pis» y demás palabras relacionadas con lo escatológico. Y aún es más flipante poner como motos a tus hermanos pequeños, bien sea picando un poquito al mediano intentando llevarle la contraria o quitándole algo al pequeño, al que ya trata de «tú a tú» pero no penséis que el pequeñajo se amedrenta lo más mínimo… Por supuesto, mola protestar, así, sin mucha razón. «¿Qué hay para merendar?» (como si no lo supiera), me pregunta. «Pues manzana», le digo. Y venga, a indignarse porque estamos en fase de que hay que quejarse. Eso sí, luego no deja ni rastro de manzana, ni migas de bocadillo y aún pide más merienda.

    Por supuesto, lo que no mola es hablar de niñas, esto ya le pasa desde hace tiempo. El otro día coincidió en el parque con una compañera y se lo pasó genial. Luego le dije: «vaya bien que te lo pasaste con Menganita». Y me puso cara de «va, tía, qué estás diciendo», porque otra cosa no, pero a expresivo no le gana nadie, para bien y para mal. Eso sí, esta etapa la estamos sufriendo en casa, porque hace poco tuvimos de tutoría con el profe y lo puso en un pedestal a todos los niveles, vamos, que el niños es casi perfecto. Tócate la gaita. Menos mal que cuando uno de los hermanos está en crisis, el otro está como la seda; no falla, es como si se quisieran ceder protagonismo para sus quejas particulares. Y suerte que es una nueva fase que se le pasará en unas semanas y que luego es un bendito. ¿Qué? ¿algún preadolescente más por ahí?

  • Cuando se juntan con más niños…

    Cuando se juntan con más niños…

    Si la energía de tus hijos la estimas en una cifra entre el 1 y el 10, ya puedes elevarla al cuadrado en cuanto se juntan con más niños. Y ya ni os cuento cuando se ven de Pascuas a Ramos; es reunirse con otros críos y se ponen como motos. En esto de las matemáticas y los niños, 1+1 no son 2 sino, por lo menos, 3. Y eso lo sabéis cualquiera que tengáis dos o más hijos. Lo que ocurre es que los hermanos, al verse la cara todos los días, tienen momentos de neutralidad y despegue, aunque cuando se quieren o discuten, lo hacen sin medida. Pero suele ser una relación estable, con sus más y sus menos.

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    Por delante teníamos un fin de semana rural con amigos, pasado por agua y con 7 niños.

    Sin embargo, cuando ven a sus primos, a los hijos de tu amigos, a ésos que no ven a diario… se monta la de San Quintín. Es un público poco asiduo a sus payasadas y ocurrencias diarias, que ya no llaman excesivamente la atención de los que les rodean habitualmente, y claro, se crecen con un nuevo auditorio. Porque no hay nada como reírles las gracias. Y luego está la chispa de no verse con asiduidad. Nosotros ya sabemos que las primeras 24 horas de mis hijos con mis sobrinas son para comprarse hasta tapones para los oídos, elevan el tono de voz a niveles que son comparables a los decibelios de una discoteca al lado de casa.

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    Prometo que, aunque Gabriel justo en esta escena esté metido en el cotarro, es el bebé más bueno que conozco, roza la santidad 😉

    Hay que hacerse a la idea. Si te reúnes con tus amigos, con tus primos, con tus hermanos… y cada uno aporta algún churumbel, sabes a lo que atenerte. Y ya comprendes que las comidas con otros niños son sinónimo de levantarse veinte veces de la mesa, que si uno se pone en huelga de hambre, los demás secundan y hay que ponerse firmes, que va a haber guerra por los mismos juguetes, que el juego del escondite es muy divertido hasta que uno se hace daño… Eso sí, el momento en que todos están en la cama es impagable. En cualquier caso, yo me relajo mucho en estas situaciones, son puntuales y no me compensa andar a gritos, para nada. ¿Notáis mucho que se estimulan y se agitan cuando hay más niños?

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