La maternidad tiene cosas muy buenas pero, sin duda alguna, hay una situación en la que todos nos agobiamos, seamos padres tranquilos o no. La salud de nuestros hijos es lo primero y cada vez que he visto a mis hijos sufrir por enfermedad, he querido ser yo la que estuviese en su lugar. También agobia un poco esa incertidumbre de no saber qué les pasa o qué les duele y nos entran las dudas: ¿estará tan mal como para llevarle a Urgencias?, ¿pensarán que soy una exagerada? Pues estas son las situaciones en las que debemos acudir al hospital:
-Brechas o cortes: en esto nos llevamos la palma en esta familia; aquí nos libramos de ingresos, de antibióticos… pero cuando una tiene varias criaturas, y del género masculino, te haces una experta en heridas de guerra. Quizás la primera vez no sepas si es una herida importante como para requerir puntos de sutura así que no te asustes, corta la hemorragia con una gasa o algodón o lo que tengas a mano y después limpia. Creo que en ese instante sabrás distinguir si es superficial o si se trata de una herida profunda.
– Vómitos y diarrea: en esto es en lo que también tenemos algo de experiencia. Alfonso sólo ha ido a Urgencias por este motivo (quitando las brechas, claro). Por intuición, la primera vez le llevamos al hospital en una situación en la que devolvía hasta el agua, más que nada porque le veíamos deshidratado; para daros cuenta de eso, os podéis fijar en los ojos, cuando los veáis un poco hundidos es síntoma de que está deshidratado. Así que en caso de vómitos, nosotros acudimos sólo a Urgencias cuando el cuerpo no tolera nada, ni siquiera líquidos. Eso sí, han de haberlos tomado muy despacio, si el niño los ingiere rápidamente, lo cual es lógico al tener mucha sed, es probable que su cuerpo los rechace. Así que, si resulta que también vomitan los líquidos que les dais de forma lenta o si vomitan más de tres veces en una hora, debéis acudir al hospital. En el caso de la diarrea, si dura varios días, lo mejor que podéis hacer es ir a la consulta del pediatra pero sólo debéis acudir a Urgencias cuando hay también convulsiones o mucha somnolencia.
-Fiebre: A ver, con este asunto nos alarmamos todos mucho. La fiebre no es mala, todo lo contrario; es un mecanismo de defensa del cuerpo. Así que solo debemos asustarnos en las siguientes situaciones: que la temperatura esté por encima de los 40 grados, si la fiebre se alarga más de 4 o 5 días, si no bajase con antitérmicos o si el niño además vomita con frecuencia o veis que tiene problemas para respirar. Caso aparte son las famosas convulsiones febriles, en las que el niño se pone rígido, pierde la consciencia y sacude el cuerpo. Es muy angustioso pero podéis estar tranquilos porque no deja secuelas. Eso sí, yo acudiría a Urgencias sin dudarlo, es una situación que me consta que es muy estresante y desagradable.
-Tos, mocos y vías respiratorias: En esto sí que no tenemos mucha experiencia; hemos acudido a la consulta del pediatra con algunos catarros o mocos que yo veía que duraban cierto tiempo por aquello de descartar cualquier problema. La cosa no es grave en ningún caso cuando hablamos de tos, siempre que no vaya acompañada de otros síntomas. Lo que sí debería haceros ir al servicio de Urgencias es que notéis que el tórax se hunde profundamente o que el niño respira rápidamente y con dificultad, o que al hacerlo haga ruido como de pitido o silbido.
Si algo realmente os preocupa, siempre es mejor la opción de acudir al hospital o a vuestra clínica si tenéis seguro médico. Pero lo más importante es que mantengáis la calma, es cierto que hay situaciones muy distintas pero hay que intentar mantener los nervios a raya porque bloquean.
