Últimamente el tiempo está respetando los fines de semana y, sinceramente, los que tenemos niños lo agradecemos enormemente. Podemos seguir yendo de excursión, de paseo y haciendo planes al aire libre. Este fin de semana, ya que en el puente estuvimos en la nieve, decidimos no movernos de Gijón pero incluimos una visita a un museo.
¿Ya sabéis de qué museo se trata?
Bueno, pues como Alfonso es un apasionado de los trenes (de esto tiene gran “culpa” mi padre), decidí que sería un buen plan conocer el Museo del Ferrocarril de Asturias. Os resumo: creo que quizás es más interesante para niños un poco más mayores de tres años; cualquiera le explica a un niño como Alfonso en qué consiste el rozamiento. Aún así, tienen la posibilidad de subirse a algunos modelos de trenes y eso siempre les hace gracia. Y lo que más le gustó a Alfonso fue una enorme maqueta con trenes en movimiento; de hecho, lloró cuando nos fuimos.
Lo cierto es que la maqueta es preciosa.
Y de ahí nos fuimos de paseo y repetimos el plan de cenar en un restaurante italiano, así que se puede decir que este sábado fue parecido al anterior. Eso sí, siempre intento que haya alguna cosa nueva o distinta que hacer; de ahí la visita al museo. Porque cada vez que le decimos a Alfonso que vamos a ver algo que le gusta o a hacer algo nuevo, se emociona. Unas veces es el mar, otras la nieve, o los trenes, o un pueblo muy bonito, o luces de Navidad. Hay que hacer que se emocionen, y con ellos es fácil.
Y el domingo, en vez de comer en casa de mis padres como hacemos habitualmente, nos fuimos con ellos de restaurante para celebrar el cumpleaños de mi madre. Y hemos hecho un nuevo descubrimiento, un restaurante ¡con castillo hinchable! Yo no sé en el resto de Comunidades pero en Asturias cada vez se piensa más en las familias.

Y a mediodía estábamos a 18 grados.
Como un loco dando saltos.
No me digáis que no es bestial encontrarte esto en un restaurante.
La verdad es que yo la veo muy joven para tener dos nietos y un tercero en camino.
