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  • Torturas innecesarias: ir de rebajas con niños

    Lo haces una vez y juras que será la última. Sin embargo, acabas asumiendo que, o vas de tiendas con los niños, o no vas en la vida así que te armas de valor y ¡al toro! Es posible que algunas, o muchas, tengáis suerte y podáis «encasquetar» niños para tales menesteres, pero yo lo tengo un poco difícil. Madre trabajadora, suegros a 600 kilómetros y padre del que ya abuso cuando me toca trabajar así que, si tengo que ir a depilarme, o al dentista, o a la matrona, me planto con ellos. Y lo que tenga que pasar, que pase.

    Yo sé que ayer unas cuantas se apiadaron de mí en cuanto bajé las escaleras de Zara y los niños se pusieron a subirlas. A muchas otras les parecían graciosísimos, porque oye, los críos lo estaban pasando como los indios y venga a reírse, venga subir, venga bajar, venga saludar al personal… Pero os aseguro que yo sólo sudaba y lo que es peor, cogí no sé cuántas cosas sin mirar ni la talla.

    Ahí, recibiendo a la gente y diciendo «hola» a todo quisqui.

    Al llegar al probador, coges ubicación, es decir, te sitúas al final del pasillo, así molestan sólo a unos pocos. Cuando te das cuenta, tienes a uno abriendo el probador de enfrente y ¡salvaste! es una conocida. Pues menos mal, así ya no tienes que montarle el numerito al niño para parecer una madre super responsable y preocupada porque tus hijos se porten bien cuando la realidad es que, mientras tu puedas probarte los trapitos, te da igual la que estén liando.

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    Ahí los tenéis, partiéndose de la risa cuando la pobre chica abrió la cortinilla. Además, en el probador tiras de tu último cartucho para retenerles y sacas el tupperware con la manzana troceada, pero claro, les dura dos asaltos. 

    La dependienta del probador te mira con cara de odio y te apetece mandarla a la porra y decirle: chica, esto es lo más divertido que te va a pasar en toda la mañana así que sonríe. En Oysho (con pisar dos tiendas te puedes dar por satisfecha) la chica re reía con ellos y me decía que le recordaban a los suyos, uffff, qué alivio saber que a algunas esta situación les resulta hasta entrañable cuando a ti te está pareciendo algo semejante a una tortura. En fin, os diría que no volveré a hacerlo pero mentiría. Eso sí, ya os digo que para repetir tiene que pasar un tiempo. Si queréis un consejo, aprovechad las que tenéis niños que todavía no caminen 😉 Por cierto, ¡¡felicidades a las Cármenes!!

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