Hace ya cuatro años que me casé. La verdad es que no sé si son los niños o la edad, pero el tiempo me pasa que ni me entero. Y como sea la edad, me pongo a temblar porque entonces desde los cincuenta hasta los setenta años, si llego, me van a pasar en un suspiro. Y si lo que hace que el tiempo pase tan rápido son los críos, ¿alguien podría decirme cuando dejan de ser niños los varones? 😉
Bromas aparte, os estaréis preguntando a qué viene recordar que me casé un 12 de septiembre de 2009. En un post antiguo, y no recuerdo cuál, os decía que soy de esas mujeres que ha tenido claro toda la vida que quería ser madre, sí o sí. Eso significa que, cuando buscas a tu media naranja, lo haces pensando en que sea el padre de tus futuros hijos.
No vayáis a creer que en una primera cita le pregunté a algún chico eso de ¿te gustan los niños? Porque lo más seguro es que no hubiera habido una segunda cita. Puede que el susodicho quiera tener hijos algún día, pero hacerle esa pregunta es como decirle si quiere ser tu banco de esperma. Y no es plan de hacerle sentir eso al chaval.
A lo que voy es a que, dada mi naturaleza maternal pronunciada, instintivamente me fijaba en si el varón en cuestión buscaba lo mismo que yo. Para que me entendáis basta con deciros que durante muchos años salí con un chico que estudiaba Medicina para ser pediatra. Así que imaginaros hasta qué punto es importante para mí el que mi pareja tenga pasión por los niños. No nos engañemos, todas conocemos parejas que acaban teniendo un niño porque al otro le hace ilusión. Es entonces cuando los hijos se pueden convertir en un problema.
Desde luego tuve suerte en ese sentido porque encontré al hombre perfecto: adora a sus hijos. Y además la combinación de genes está resultando muy buena ;-). En fin, que me alegro de haberle conocido y de haberme casado con él. Espero poder decir esto dentro de muchos años.


