El otro día recibí en casa un sobre de Unicef. Cuando lo vi, me quedé atónita: contenía un paquete de cacahuetes. No comprendí nada hasta que empecé a leer los papeles que también venían en el sobre. Casi 8000 niños mueren cada día en el mundo por causas relacionadas con la desnutrición. Sí, habéis leído bien, 8000 peques como los míos y los vuestros. Porque además, la desnutrición, que ya es un problema en sí, los hace vulnerables a enfermedades como la diarrea, la malaria o la neumonía. Y por si fuera poco, la desnutrición es un importante obstáculo para el desarrollo de un país, ya limita la capacidad de los niños de convertirse en adultos que contribuyan al progreso de sus comunidades. Como veis, es un terrible círculo vicioso.
El alimento terapéutico listo para usar contra la desnutrición aguda es el tratamiento más eficaz. Su principal ingrediente es la pasta de cacahuete, que aporta a los niños los nutrientes que necesitan para recuperarse. La oportunidad de acabar con la desnutrición y sus consecuencias está más cerca que nunca, ya que existen los recursos y los conocimientos para acabar con la pobreza y el subdesarrollo. Solo en 2014, en UNICEF trataron a 2,3 millones de niños contra la desnutrición aguda grave. Fijaos, con 30 euros se pueden tratar a 25 niños durante un día. Así que quiero compartir con vosotros la Campaña #ahoraNOpodemosparar de Unicef para poder salvar a muchos más niños. Allí podréis hacer la donación que queráis. Yo ya la he hecho.
Y como os podéis imaginar, mi hijo Alfonso me preguntó, nada más ver el sobre, por los cacahuetes, así que le conté todo esto. Sé que su pequeña cabeza no es capaz aún de comprender que no haya comida para todos los niños, porque aquí sobra, pero así va interiorizando que el mundo no es un lugar perfecto.