Confieso que, en los últimos años, me importaba poco si llovía o no en Carnaval porque lo de disfrazarme hace tiempo que dejó de parecerme divertido aunque, con esto de ser madre, nunca se sabe si algún día volveré por antiguos derroteros. Y es que hubo un tiempo en que disfrazarme me parecía de lo más entretenido y era capaz de enmascararme varios días seguidos. Aclaro que en Gijón siempre ha sido fiesta el martes de Carnaval, lo que implica estar sin cole cuatro días.
Oye, pero no falla. Aunque hayamos estado a veinte grados unos días antes, el Carnaval siempre va acompañado de lluvia o frío. Y este año ha sido más que lluvia, hemos tenido aguacero pero además a lo grande, por todos lados… vamos, hasta el mar nos ha invadido. Comparto este vídeo para que os hagáis una idea.
El caso es que nosotros, como buenos padres, pusimos empeño, que por lo visto es lo que cuenta. A las seis de la tarde del lunes caía «la del calamar» y decidimos no ir al desfile de carrozas. Media hora después vimos unos claros en el cielo y rápidamente disfracé a los niños. Pero en eso se quedó nuestro Carnaval, en un intento frustrado. Minutos más tarde, se suspendía el desfile y en casa tenía a un pirata, un pingüino y a Pooh. El pirata era maridín.
Menos mal que con el asunto de los disfraces no me complico demasiado, como bien podéis ver en la foto. Hace una semana fui con Alfonso a casa de mi tía, que tiene niños y armarios (este punto es importante), y allí desplegamos el arsenal de disfraces que guarda. Yo lo vi claro, un precioso traje de caballero con su maravillosa capa y un escudo con cruz caballeresca pero… ¡nada! El crío vio ese disfraz de Winnie the Pooh, más parecido al Chapulin Colorado o a un Teletubbie, y lo tuvo cristalino. Y de esa guisa fue al cole el viernes (tenían fiesta con churros y chocolate) mientras otros iban de Spiderman o Hulk. Ya os lo digo, estará en todos los fregaos pero a cándido e ingenuo no le gana nadie.
Y poco más que contar de un fin de semana lluvioso y desapacible. Caí en la garras de un centro comercial pero es que los niños tenían cuatro días de fiesta y fue inevitable. Eso sí, hice un rastreo de ropa veraniega para los peques que os contaré en otro post. Y ayer que fue fiesta y llovió menos, nos animamos a comer fuera de casa. Y vosotros, ¿habéis podido disfrutar un poco del Carnaval con los peques?
En el Que Me Das de Gijón, donde se come genial y hay sitio para los peques.
Y breve paseo por el puerto en uno de los pocos ratos en los que no llovió.
