No soy una Drama Mamá
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Qué sería de mí…

Este era un fin de semana (largo porque hoy es fiesta en Asturias) que se preveía, al contrario que el anterior, poco animado. Tenía demasiados factores en mi contra; primero, previsiones meteorológicas totalmente otoñales. El viernes por la tarde diluviaba y estábamos a 15 grados. Y después de satisfacer la necesidad de mi hijo Alfonso de jugar a los coches durante horas, estaba al borde del colapso.

Esta alfombra con carreteras lleva varios días instalada en el salón. Promete ser el juguete de la próxima temporada otoño-invierno.

Además, no tenía relevo. Y es que otro factor en mi contra era que mi marido se había ido de viaje a la boda de uno de sus mejores amigos, nada menos que a Georgia. Por si no situáis este país, está al sur de Rusia; vamos,  aquí al ladito. Y de viaje también tengo a mis primos pequeños, que son los encargados de entretener a Alfonso las tardes de los domingos. En fin, que el panorama era, cuando menos, desalentador.

Alfonso y Rafa con mis primos este verano.

Alguna podría pensar que no disfruto con mis hijos. Vamos a ver, me paso con ellos las 24 horas del día, voy con los críos a todas partes, hasta para depilarme vienen conmigo. El fin de semana es cuando “desconecto” un poquito de ellos al tener ayuda.

Lo bueno es que al final siempre surgen planes. Y lo mejor es que siempre sale el sol (como diría Manolo Preciado). El sábado escribí a una amiga, que tiene una niña de la edad de Rafa, y nos vimos para ponernos al día mientras Alfonso paseaba sus coches por toda la cafetería. Y el domingo por la mañana volvimos a vernos para ir a una romería asturiana (ya os hablé de este plan en otro post). Otra vez Alfonso pasó por el trance de los voladores, tengo que hacer algún tipo de terapia para que supere el miedo.

Lo de los ruidos no lo lleva bien, la banda tampoco le hacía ninguna gracia.

Después, comida familiar y ¡bendito abuelo! Mi padre es siempre mi salvación cuando tengo que hacer algo urgente y no puedo llevarme a los enanos. Además, tiene una capacidad bestial para entretener a los niños y se inventa mil juegos y monta y desmonta lo que haga falta.

El garaje-taller-sala de juegos, centro de operaciones del abuelo.

 

Alfonso ayudando a mi hermano con el mantenimiento de la moto.

verano abuelos

Y yo, aprovechando los rayos de sol.

En fin, ¿qué sería de nosotras sin amigas y sin esa familia que siempre está ahí? Y si el fin de semana se preveía relajado, la semana se presenta movidita: aniversario de boda, comienzo de cole para Alfonso y últimos recados de la boda de mi hermano. Definitivamente, necesito a mi padre.

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