No soy una Drama Mamá
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El rey de los juguetes

Ni consolas, ni patinetes, ni coches teledirigidos. El rey de todos los juguetes para los niños es un balón. Todos se emocionan cuando les regalan un triciclo o el peluche de Pocoyó, pero casi todos acaban en el armario o baúl pasada una temporada. Sin embargo, algo tiene el balón que les engancha desde que son bebés hasta que son mayores. Y cuando digo mayores no me refiero a la adolescencia o juventud, me refiero a que no dejan de jugar con el esférico nunca, mi padre aún juega al fútbol todas las semanas. Que conste que me viene de cine teniendo dos niños.

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Ya le puedes regalar un súper coche en su primer cumpleaños, que la emoción le va durar unos meses, como mucho.

Esa pasión por el balón empieza cuando tienen tan sólo unos meses, cuando ni gatean. Rafa se pone como loco cuando ve a Alfonso jugar con la pelota. De hecho, extiende los brazos por si hay suerte y su hermano mayor se la deja. Así que en cuanto empiece a gatear, Alfonso ya puede andarse con cuidado.

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La pelota se puede usar en todos los lugares: en el agua, en el césped, en la arena… Y a cualquier edad.

El problema que tengo ahora es que Alfonso está pasando por la etapa del “todo es mío”. Es curioso, hasta el año y medio o dos años de edad, a los críos les da exactamente igual que les quiten un juguete de las manos. Y piensas: ¡mira qué majo mi hijo que no se queja por nada! Ingenua de mí, ahora estoy hasta el gorro de explicarle al niño que tiene que compartir. Esta conversación la tengo con él en el parque una media de tres veces diarias. Aunque ya me han dicho otras madres que se les pasa a los 4 o 5 años, ¡menos mal, no sabía si llamar a Sánchez Gordillo!

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Anteayer, en la playa de San Lorenzo, Gijón. Nos encontramos con mi padre que estaba allí jugando un partido y Alfonso se hizo con el balón “de repuesto”.

Alfonso cree que al pasarle la pelota a otro puede quedarse sin ella, así que sufre en determinados momentos. Y cuando decide que quiere jugar a otra cosa, la esconde en la cesta de la sillita de Rafa; mal sitio teniendo en cuenta que los otros niños tienen una altura parecida, les pone el balón en bandeja. Si otro crío decide sacarlo de ahí, Alfonso corre raudo y veloz a quitárselo, y si finalmente accede a prestarlo, deja claro que es suyo, no vaya a ser que haya confusiones.

Que sepáis que el niño igual tiene futuro con esto de la pelota, le da con la pierna izquierda y la engancha muy bien. Pero no seré yo quien se ponga pesada con el fútbol; que haga deporte está genial y es sano, pero prefiero que cultive la mente. Y por supuesto, que disfrute con lo que haga.

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