No soy una Drama Mamá
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Las comparaciones son… inevitables

El lunes pasado Rafa cumplió 6 meses, así que nos tocó ir a revisión al pediatra. Al volver a casa, me puse a comparar las cartillas de salud de los dos niños y comprobé que Alfonso, en la misma revisión, ya pesaba casi 9 kilos, uno más que su hermano. Ya me lo imaginaba, Rafa no tiene esas piernas rechonchas que tuvo Alfonso.

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Alfonso, cuando tenía 7 meses.

De repente me acordé de esas frases que tanto hemos oído a nuestras madres: “tu hermano comía mejor que tú”, “tú eras más espabilada”… y así unas cuantas. Pero entiendo que no son expresiones, en ningún caso, para menospreciar a ningún hijo ni para alabar a otros, son sencillas comparaciones que a ninguno de los hermanos ha molestado jamás.

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Mis hermanos y yo de pequeños. Si sabemos quién comía mal y quién no dormía bien es porque nuestros padres nos lo han contado.

Yo empecé ya en el paritorio con las comparaciones. Cuando tienes un hijo, además de sentir una sensación brutal y difícilmente explicable, sólo ves lo físico, no sabes cómo va a ser. Así que he de reconocer que cuando nació Rafa, no sólo lo pensé, sino que lo dije en alto: era mucho más guapo Alfonso. Porque no nos engañemos, hay bebés más guapos que otros.

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Alfonso, a la izquierda era un recién nacido más bonito que Rafa, a la derecha.

Esto no quiere decir nada, la belleza es efímera y muchas veces cambiante, ¡cuántos niños fueron guapísimos y después se convirtieron en paisanos horrorosos y cuántos críos poco agraciados resultaron ser adultos atractivos! Seguro que os habéis cruzado con algún chico que os gustó en la adolescencia y habéis pensado: “¡Uff, menos mal!

Y siguiendo con los niños, cuando alguien me dice lo simpático que es Rafa, siempre digo que lo fue más Alfonso; un bebé que a los tres meses se reía a carcajadas es más que simpático, es fascinante. Sin embargo, habiendo sido bueno Alfonso, su hermano está consiguiendo que piense que no lo era. Estamos pensando en proponer a Rafa para un proceso de santificación. Y me da a mí que va a ser más espabilado que su hermano, tiempo al tiempo.

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Rafa, un santo.

Todo esto lo cuento porque algunas se escandalizan por el hecho de comparar a los niños; no es nada malo siempre que se haga de una forma natural y anecdótica; no pasa nada por decir que uno es más simpático o que el otro come mejor. Son dos personas distintas y únicas, con sus defectos y sus virtudes. Lo único que pido cada día es que estén sanos. Si además comen bien, es una maravilla; si duermen toda la noche del tirón, es un lujo. Si son inteligentes y simpáticos, mejor, y si son guapos, genial. No hace falta decir que les quiero por igual.

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  • Reply
    vivircongusto
    27 Abril, 2013 at 12:47 pm

    Ay madre… que bonitos son!!!

    • Reply
      carmendegijon
      27 Abril, 2013 at 2:12 pm

      Muchas gracias!! ahora tengo que reconocer que el pequeño, aunque no era muy guapo al nacer, ahora está cañón!!

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