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La pareja cuando llegan los hijos

Hoy me toca un post reflexivo, no siempre tengo capacidad para sacarle punta a todo. Aunque no lo creáis, tengo también mi punto serio. Hoy hace cinco años que me casé con maridín aunque sólo pasamos un año “solos”; en nuestro primer aniversario yo ya tenía un bombo de 38 semanas por lo que, para mí, es difícil hablar de matrimonio sin aludir a los hijos. Vamos, más que difícil, es casi imposible separar estas dos realidades. Han pasado cinco años desde que nos prometimos estar juntos para siempre y estamos a la espera del tercer retoño, casi nada. Sé que soy joven, que podíamos haber esperado para estar un tiempo disfrutando de “nosotros” pero creo que, como pareja, los hijos también nos han aportado mucho.

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No vamos a obviar que la paternidad no es un camino de rosas porque realmente está lleno de dificultades, pero si eres capaz de seguir queriendo y cuidando a alguien a pesar de la falta de tiempo y de “espacio” para dos, entonces sales reforzado. El día a día con hijos supone salir corriendo para llevarles al cole o guardería y después ir a trabajar o quedarte en casa cuidando de los peques y, cuando acaba la jornada, los niños te siguen reclamando (para jugar, baños, cenas) y ya casi no puedes contarle algo a tu marido.

Yo no sé las veces que le he dicho a Alfonso este verano en las comidas que me deje terminar de decir una cosa a maridín. ¡Y la de días que pasan y que no hemos hablado de otra cosa que no sean los niños!, ¡y la de fines de semana que llevamos sin salir a cenar los dos solos! No es culpa de ellos pero al final, los hijos suponen un nivel de exigencia altísimo y el cansancio hace mella. Y además, en nuestro afán por ser las mejores madres del mundo, corremos el riesgo de que otras facetas de nuestra vida fracasen y, a la larga, esas otras cuestiones pueden repercutir en nuestro ánimo y, por tanto, en nuestros hijos.

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Y por ponerle humor al tema. Que sepáis que las arrugas aumentan en función del número de hijos, ¡madre mía!

A veces, es mejor hacerles entender a nuestros hijos que, aunque los queramos con locura, no les podemos dedicar el 100% de nuestro tiempo. ¿Para qué engañarnos? Si por entregar toda mi existencia a mis niños (que además crecerán y cada día me necesitarán un poco menos), mi matrimonio se va al traste, ¿de qué me habrá servido? lo único que puedo conseguir es que los niños tengan que pasar unas temporadas con su padre y al final, aún estaré menos tiempo con ellos.

Y además, si algo tengo claro a estas alturas, es que los niños aprenden con el ejemplo y ver a unos padres que se quieren y se respetan es una de las mejores lecciones que podemos darles. Y esto no tiene nada que ver con las que deciden separarse porque ellos son unos cretinos o no ejercen como padres, ehhhh…. Yo aquí hablo de que a veces olvidamos que, además de madres, somos amigas, hijas, hermanas, profesionales… y esas facetas debemos, por lo menos, atenderlas aunque nuestra prioridad sean los peques.

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Lo mejor que tengo.

Pues eso, que hoy me he puesto un poco seria, y me ha salido un post muy formal aunque, de vez en cuando, no viene mal. Además, seguro que podéis contarme qué hacéis vosotras o vuestras parejas para intentar mantener el “espacio para dos”. Y como sé que maridín entra por estos lares de vez en cuando… que sí, lo sé, soy poco cariñosa, nací con esta tara pero ¿dónde ibas a encontrar a otra como yo que te quiera tanto? 😉 ¡Buen fin de semana!

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